¿Quiénes pueden alcanzar el éxito?

ENTRE NOSOTRAS

STEPHANIE HOECKLE

DIRECTORA OUIOUI

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¿Qué tienen en común personas como Henry Ford, Cristiano Ronaldo, J. K. Rowling, Roger Federer, James Patterson, Bill Gates y Steve Jobs? Todos integran la lista de personas exitosas de la revista Forbes. Pero si nos ponemos a leer sobre la vida de cada uno de ellos, encontramos que no todos fueron exitosos desde un comienzo ni supieron siempre lo que querían alcanzar. La mayoría tuvo que tropezar varias veces antes de lo-grar ser descubierto y reconocido en el mundo por su idea, iniciativa o talento. Entonces podemos decir que el éxito como consecuencia de una habilidad o del ta­lento natural es una ficción. Se trata, más bien, de un camino que se construye a largo plazo y que se relacio­na con el compromiso, la planificación, la perseveran­cia y el sacrificio. Además, los expertos insisten en que la clave radica en el poder de nuestra mente, en creer en uno mismo y en lograr arrancar un proyecto con el deseo de hacerlo bien.

PROYECTARSE

Cuando nos ponemos a pensar en las distintas per­sonas a quienes consideramos grandes achievers en nuestro entorno más cercano, generalmente asigna­mos el crédito a la fortuna de que hayan nacido con ap­titudes especiales para ser líderes, escritores, genios en finanzas, atletas destacados, artistas únicos, etcétera. Cuando la realidad es que, si bien algunos nacieron con una mejor disposición para desarrollar algunas habi­lidades, el secreto de su éxito recae mayormente en la disciplina que pusieron para proyectarse, el foco de sus aspiraciones y el deseo de superación continuo. Poco puede servir el talento en una persona que no sabe cómo aprovecharlo.

En su artículo de la revista Psychology Today, la docto­ra Heidi Grant Halvorson explica que las herramientas como el IQ (coeficiente intelectual) con que medimos nuestras habilidades son precarias a la hora de predecir el éxito de una persona en un futuro. Y esto se debe a que las aptitudes como la inteligencia, la creatividad, la fuerza de voluntad y la facilidad para socializar son ampliamente maleables, ya que se pueden incremen­tar con dedicación y esfuerzo, pero además son solo una pequeña parte del rompecabezas del éxito.

HACERLO CON PASIÓN

Al creer que debemos tener ciertas habilidades o ap­titudes para ser exitosos sembramos la duda en noso­tros mismos y, simplemente, abandonamos aquellas cosas que no salen bien en los primeros intentos, con lo cual cerramos las puertas a otras oportunidades. El escritor Ken Robinson comenta en su libro El Elemento que si bien algunos tenemos mayores facilidades para crear, cantar o hacer algún deporte, todos podemos ser inteligentes, creativos y deportivos en la medida que nos sintamos a gusto con la actividad que realicemos y deseemos ser mejores en ella. Para el autor las habili­dades se pueden aprender, pero el punto de partida está en descubrir una pasión, que lo puede cambiar todo en nuestra vida, pues resulta algo básico para impulsar­nos a ser felices.

Si hoy alguien nos preguntara cuán inteligentes so­mos, la mayoría de nosotros respondería con una califi­cación, pero sin darnos cuenta estaríamos respondien­do a una pregunta mal planteada, ya que todos somos inteligentes de distintas maneras y la inteligencia no se puede medir como una sola, dice Robinson. En todo caso el cuestionamiento correcto sería: ¿en qué for­ma somos inteligentes? Al responder sería inevitable pensar en las cosas que nos salen con mayor facilidad, aquellas que impulsadas con un poco de dedicación pueden hacernos exitosos en lo que emprendamos, lo cual es un buen inicio.

Cuando nos permitimos la posibilidad de desarrollar nuestros talentos mediante objetivos y un aprendiza­je continuo, las oportunidades de desplegar nuestro potencial al máximo se amplifican, disfrutamos más de lo que hacemos y lidiamos mejor con nuestra pro­pia ansiedad para destacarnos o con la frustración que muchas veces genera cometer un error o una equivo­cación.

TENACIDAD PARA PERSISTIR

Entonces ¿cuáles son los factores que determinan el éxito de una persona? Claramente desarrollar una vi­sión y una estrategia para alcanzarla, definiendo me­tas claras a corto, mediano y largo plazo, monitoreando nuestro progreso continuamente e identificando los posibles obstáculos que impiden nuestro desarrollo. Parece fácil, pero esto requiere de disciplina para re­conocer las tentaciones y los posibles distractores, sin olvidar que hay que tener la tenacidad para persistir aún cuando a la primera parezca que no somos buenos en algo.

Pero lo más importante es creer que podemos ambi­cionar un sueño y confiar en que es posible alcanzarlo. Entonces, la próxima vez que estés intentando armar un plan de negocios, escalar una montaña o simple­mente dar un discurso, tené presente que creer que podés hacerlo y seguir mejorando va a marcar la dife­rencia entre el éxito y el fracaso.

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