La desigualdad del Paraguay aumentó, según la Cepal

José Meyer

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INFORME

Según el documento, la desigualdad en la
distribu­ción de ingreso en América Latina, al igual que la po­breza, se mantuvo
estable en el año 2014. Sin embar­go, al comparar las últimas cifras
disponibles con las de inicios de la presente década, se constata una reducción
un poco más sig­nificativa de los índices que miden la desigualdad. En el año
2010, el coeficiente de Gini de la región fue de 0,507, mientras que en el 2014
fue de 0,491.

A pesar de que la desigual­dad de la región
se redujo del 2010 al 2014, el Para­guay fue uno de los únicos tres países que
registró un incremento del indicador, junto a Costa Rica y Vene­zuela.

 

RESULTADOS

Por medio de la base de datos de la Cepal se
puede afirmar que la desigualdad en Paraguay aumentó leve­mente al registrar un
coefi­ciente de Gini de 0,536 en el 2014, luego de alcanzar 0,533 en el 2010.
Si bien la variación del indicador fue pequeña, llama la atención el hecho de
que la desigual­dad del país sea una de las únicas tres de la región que
aumentaron, además, otro factor que no hay que dejar de lado, es que según la
Cepal el Paraguay fue el segundo país de América del sur con mayores niveles de
desigualdad en el 2014, siguiendo a Brasil.

En cuanto a la desigualdad rural, los datos
de la Cepal presentan un panorama peor, ya que posicionan al país como el que
registró el coeficiente de Gini más elevado de toda la región, alcanzando el
0,600.

La Cepal registra datos de desigualdad del
Paraguay hasta el año 2014, pero se­gún datos de la Dirección General de
Estadística, En­cuestas y Censos (DGEEC), el indicador en el año 2015 volvió a
disminuir. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los datos de la Cepal y de
la DGEEC dis­tan mucho de ser iguales, ya que según la institución paraguaya,
el coeficiente de Gini del país para los años 2010 y 2014 fue de 0,458 y de
0,459, respectivamente.

 

FALTA EDUCACIÓN

En la región más desigual del mundo, Paraguay
es uno de los países con mayores niveles de desigualdad. Con el fin de
encontrar el ori­gen de este problema que afecta al bienestar de la población
paraguaya, el diario 5días se
comunicó con el economista Amíl­car Ferreira. El econo­mista opinó: ??El
Paraguay tiene uno de los niveles de desigualdad más altos de la región y yo
creo que esto se debe básicamente al enorme retraso que el país acumuló en mate­ria
educativa. Durante el período de la dictadura se abandonó la educación y en el
período democrá­tico no se hizo un traba­jo muy bueno que pueda reformar la
educación en el Paraguay, por lo que un porcentaje demasiado alto de la
población tiene un nivel educativo muy bajo, lo que les impide integrarse de
una manera más eficiente a la econo­mía?.

Ferreira agregó que en el contexto actual
práctica­mente todos los trabajos implican un determinado nivel de
conocimiento, lo que no permite salir de la pobreza a la población con menores
niveles de educación.

?Paraguay es de los paí­ses donde más cuesta
conseguir recursos hu­manos altamente cali­ficados. Es tan escasa la mano de
obra calificada que a veces las empresas se ven obligadas a contra­tar a
extranjeros para cu­brir sus cargos gerencia­les?, mencionó Ferreira.

 

CONTRADICCIÓN

En el Paraguay se da una contradicción, ya
que el país creció en el 2016 a los niveles más elevados de la región, pero al
mismo tiempo regis­tra uno de los mayores nive­les de desigualdad.

Diversos
estudios señalan que existe una relación entre la desigualdad que presenta un
país y sus indicadores de bienestar social. Una ma­yor desigualdad suele venir
acompañada de mayor anal­fabetismo y menor acceso a la salud, lo que significa
que la distribución de ingresos tiene repercusiones sobre la calidad de vida de
un país. Es por esto que la desigual­dad limita la precisión de otros
indicadores, como el PIB per cápita, para medir el bienestar de la población.
Aunque el PIB se expanda, la desigualdad y el crecimiento de los sectores con
menores niveles de participación de la población económicamente activa impiden
que los resul­tados puedan ser percibidos por la mayoría de los para­guayos.


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