Industria 4.0

Una celebrada marca automotriz italiana radicada en Argentina remodelará su terminal de Córdoba incorporando 600 robots a los procesos de fabricación del modelo a ser presentado en sociedad en 2018. El CEO de la compañía hacía el anuncio mientras alrededor de 500 trabajadores de una industria empacadora cortaban la avenida 9 de Julio reclamando aumento de salario. Imposible imaginar dos extremos más alejados de una misma cadena mientras se consolida la denominada “cuarta revolución industrial”, presentada en una versión reciente del CeBit de Hanover -la feria más importante sobre tecnología de las comunicaciones para el hogar y los ámbitos laborales- como “industria 4.0”. Este concepto reúne en sí mismo una serie de componentes convergentes. Si se considera el uso de energía, ésta deberá ser limpia y renovable; los materiales empleados en el proceso tendrán que ser técnicamente activos y con cualidades sorprendentes (tejidos inteligentes por ejemplo); los diseños mantienen una consulta permanente con el medio ambiente. Pero hay algo más. En su obra The Fourth Industrial Revolution (La cuarta revolución industrial), Klaus Schwab, economista y empresario alemán fundador del Foro Económico Mundial, advierte que los cambios y transformaciones que experimenta hoy el mundo son muy profundos y con ramificaciones tecnológicas más abarcantes que cualquier período anterior de la historia humana. Al respecto, Llorenz Guilera, director de la Escuela Superior de Diseño de Barcelona, expresa que “los retos sociológicos y laborales que la Industria 4.0 plantea es un tema extremadamente delicado”. Pero hace esta excepción: “Las variables que no se podrán automatizar (aunque se las podrá ayudar como nunca antes se había conseguido) son la creatividad y la innovación. Y aquí es donde el rol de las universidades y las escuelas de formación profesional mejor preparadas para el cambio marcaremos la diferencia”.
Aunque resulte difícil asumir estas nuevas definiciones, algo es fácilmente comprensible. De su significado original de “conjunto de operaciones materiales ejecutadas para la obtención, transformación o transporte de uno o varios productos naturales”, el concepto de industria avanza velozmente a esta otra acepción: “Destreza ingeniosa para ejecutar algo”. A partir de allí se abre un vasto universo de posibilidades. De algo podemos estar absolutamente seguros. Toda acción manual pasible de ser automatizada va siendo reemplazada. Los soldadores, pintores o montajistas ya no tienen lugar en el ámbito fabril. Y este es el abc de la robotización. En Japón, 34 empleados de una empresa aseguradora fueron reemplazados por un algoritmo de inteligencia artificial desarrollado por IBM. Es una era en la que la aceleración de los procesos, el abaratamiento de costos y la reducción de errores gobiernan las más diversas actividades humanas. Solo la creatividad y la innovación, al decir del catedrático catalán, parecen estar a salvo. En eso, el cerebro humano sigue siendo irreemplazable. Al menos, por ahora.

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