Cómo destruir un Estado a base de subsidios

Entrevistado por 5días, el catedrático universitario y ex banquero Jorge Usandivaras tocó tangencialmente un tema sobre el que sería prudente extendernos en este espacio. Expresó, palabras más o menos, que los paraguayos “son increíblemente emprendedores y no esperan que les regalen nada, algo que se ha perdido en otros países de Latinoamérica en donde mucha gente lo espera todo del papá Estado”.
Respetando la versación del entrevistado, debemos disentir amablemente en este tema desde el siguiente ángulo. La práctica de ir extendiendo los denominados “planes sociales” se ha instalado en el Paraguay y ya hay gente que hoy cree que el Estado está obligado a mantenerla sin contraprestación de servicios, que es la esencia real de esta modalidad asistencialista. Es un “regalo” de los políticos populistas que han incorporado a su léxico y praxis de campaña el manejo de una determinada cantidad de “planes” con la cual concitar la buscada “adhesión incondicional” a la hora de votar.
Cuando el ex banquero y profesor de Harvard se refiere a los países latinoamericanos en donde el asistencialismo populista ha hecho carne incluye –sin nombrarla- a Argentina, la campeona mundial en esta materia. Un reciente estudio publicado por el matutino porteño Clarín revela que nada menos que 21.000.000 de argentinos –el 50% de la población- viven, de alguna forma, del Estado. La cifra es escalofriante y se descompone así: más de 3.600.000 tienen salario del Estado nacional, provincial o municipal. Otros 16.000.000 cobran algún tipo de remuneración, ya sea jubilaciones, pensiones, subsidios, asignaciones familiares fijas, planes de viviendas sociales, prestación por desempleo y haberes de retiro diversos. En esta última categoría militan 1.700.000 personas. Este demencial universo insume el 40% del presupuesto general y mantiene enormes enclaves de corrupción. El “modelo” ha cerrado casi todos los caminos al Gobierno actual –y a los que lo sucedan- para desmontar semejante maquinaria de drenar dinero público a bolsillos particulares.

Tocar cualquiera de estos “planes” garantiza un terremoto sindical, con piquetes en la calle, corte de avenidas, huelgas generales y desmanes diversos. Cuando la gobernadora de la provincia de Buenos Aires intentó pagar por presentismo a maestros en huelga a fin de garantizar días de clase a 3.700.000 alumnos de EEB, los gremios se opusieron en el acto. ¿Por qué? Porque la iniciativa dinamitaba la base misma del sindicalismo docente argentino capturado por una claque enviciada con privilegios y canonjías, todos pagados con dinero público.
Hizo bien el experto de Harvard al poner foco sobre el tema. Si no vamos con cuidado y dejamos de vigilar a nuestra dirigencia política, podríamos caer a corto plazo en un desquicio administrativo tan grave y destructivo como el que ahoga hoy al Estado argentino

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