El camino desde la idea hasta las ganancias

COMENTARIO
Verena Lüthold Trappe
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No va a ser la primera ni la última vez que pase. Una ronda de amigos en la que surge una buena idea de negocio donde cada uno tiene algo que aportar: ya sea la idea, la gestión efectiva o el capital. Si al día siguiente la idea persiste en la imaginación de estos amigos podemos estar se­guros que, uno, algunos o todos, seguirán ma­durándola hasta tenerla estructurada… en la cabeza. A partir de ahí, la consigna es llevarla a la realidad o, para empezar, al papel.

LA ESTRUCTURA JURÍDICA Y EL PLAN DE NEGOCIOS

El plan de negocios es un papel. Y este papel debe ser lo más realista posible. En el plan de negocios vamos a ponerle un nombre al proyec­to, así como reconocer sus puntos fuertes y dé­biles. No menos importante es ponerle núme­ros. Al fin y al cabo, si no estamos seguros que vamos a ganar con los números que tenemos en el papel, mejor ni empezar.

Esta literatura y estos números deben corres­ponderse con la estructura jurídica que pre­viamente debemos tener clara. ¿Realizamos el proyecto a través de una empresa o lo hacemos a título personal? Si somos varios los que partici­paremos del proyecto, no cabe duda que el mejor escenario es constituir una entidad legal inde­pendiente en la cual podamos regular nuestras relaciones así como el reparto de los beneficios. En este caso, entre los diferentes tipos sociales ¿cuál es el adecuado? Aquí no hay una respues­ta única, ya que dependerá del caso en concreto elegir entre una SA, SRL u otro tipo societario.

La estructura jurídica y el plan de negocios de­ben estar alineados. La estructura jurídica ele­gida tendrá un impacto en los números que de­berá ser tenido en cuenta en el plan de negocios y a su vez, supone un conjunto de obligaciones del que tenemos que ser conscientes. Una buena planificación fiscal, teniendo en cuenta tanto la fiscalidad de la empresa como de sus accionis­tas podría significarnos una ahorro importante. Para todo esto, contar con el asesoramiento le­gal adecuado es de suma importancia.

NUESTRAS RELACIONES CON EL EXTERIOR

Dentro del plan de negocios, debemos guardar un capítulo para contemplar y analizar qué pa­pel va a tener mi proyecto en el partido (mer­cado) y cómo tendremos que interrelacionarnos con el resto de jugadores. ¿A quién necesito o quién es fundamental en mi proceso producti­vo? ¿Sobre quién puedo ejercer más control?

Tener claro el escenario es fundamental. Con los jugadores más importantes para mi pro­yecto necesito pactar los términos de nuestra relación, normalmente mediante un documen­to –contrato- en el cual detallaremos qué co­rresponde a cada uno y la contraprestación que tendrá o tendremos. Desde acordar el precio de antemano hasta negociar el mantenimiento del suministro; dependiendo de cada negocio, cada punto tendrá más o menos relevancia.

Aquí un asesoramiento jurídico adecuado que no solamente se limite a atender a las cuestio­nes legales sino que entienda del negocio y de nuestras necesidades comerciales es un gol a nuestro favor muy importante. Esto nos permi­tirá sacar el mayor provecho a la negociación y asegurar el mantenimiento de estas relaciones ya que no hay peor cosa que nos quieran cam­biar las condiciones sobre los 45. Si sucediera, tendríamos que volver a revisar nuestro plan y nuestros números para adaptarlos a la realidad.

NUESTRAS RELACIONES INTERNAS

El éxito de una organización radica en cada uno de sus integrantes. Puede ser que nuestro proyecto no suponga la necesidad de incorpo­rar personas a nuestra organización porque po­demos hacerlo nosotros mismos. En cualquier caso, si nuestro proyecto crece es indudable que necesitaremos ayuda para llevarlo adelante.

Aquí debemos tener claro que tenemos que buscar el mejor candidato atendiéndonos al presupuesto que tengamos. De nuevo, pactar las condiciones de antemano es fundamental. Aun­que el contrato laboral es un requisito impuesto por la legislación, utilizarlo no solamente para cumplir con este requisito sino como una herra­mienta para plasmar estas condiciones y saber qué puede esperar cada uno, no es poca cosa. Ni qué decir al momento de enfrentarnos con la necesidad de demostrar que un empleado in­cumple con sus obligaciones y tener que actuar en consecuencia.

Y ENTRE NOSOTROS, ¿QUÉ HACEMOS?

Creamos una empresa y los “creadores” del proyecto somos los accionistas. Para este mo­mento, le habremos dado un valor a las aporta­ciones de cada uno con el resultado de un por­centaje determinado de propiedad de cada uno de nosotros en la empresa. Esto supondrá que existan accionistas mayoritarios y minoritarios, algunos que estén involucrados en la gestión y otros no.

En cualquier caso, nuestras relaciones deben estar reguladas. El que se encarga de la gestión debe tener unas obligaciones de reporte o de in­formación, como por ejemplo, la preparación del presupuesto anual y su ejecución. Además, sus facultades deben estar limitadas porque habrá cuestiones que vamos a preferir decidir entre todos.

Por su parte, el que haya comprometido capital, deberá tener unas obligaciones de desembol­so definidas en cuanto a importe y fechas. Esto porque no siempre necesitaremos el 100% del capital el día uno.

Tener en un papel previamente determinado qué esperamos de cada uno nos evitará com­plicaciones durante la marcha del negocio. No menos importante será tener claro qué pasa si alguno de nosotros no cumple con lo que había­mos acordado y qué herramientas tenemos en ese caso para continuar el proyecto solamente entre los “cumplidores”. O por el contrario, ¿qué pasa si alguno no quisiera continuar con el pro­yecto? El papel del abogado especialista en estos temas deberá darnos opciones de salida que per­mitan de forma justa obtener una compensación por lo invertido. Aquí el asesoramiento correc­to nos dejará mucho más tranquilos a todos; no solo porque las reglas serán claras sino porque el proceso de negociación será más efectivo.

En conclusión, antes de embarcarnos en un proyecto, detenernos por un momento a plani­ficar el negocio, reconocer mis relaciones más importantes -tanto externas como internas- y dejar las reglas de juego claras marcando el ca­mino a seguir muchas veces puede significar la diferencia entre el éxito y el fracaso.

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