Lo viejo que no termina de irse

Las “listas sábanas” se niegan a irse. Las tinieblas en que se manejan los aportes para las campañas electorales se niegan a irse. La vieja política, en suma, se aferra con ganchos y ventosas a la torturada República para seguir succionando sus recursos, tapando miserias y manteniéndose en la penumbra. A duras penas, a golpe de maza y martillo, dos proyectos aterrizaron en el Congreso y están teniendo un tratamiento a regañadientes. Si bien algunos nuevos referentes se avienen a darle la bienvenida a ambos proyectos, los inquilinos de las antiguas sentinas desbordantes de humedad y de hongos acumulados por décadas de clausura mantienen clausurado el recinto y retenida la llave.

Figuras retóricas aparte, son dos instrumentos innovadores los que empiezan a hacer carrera en las cámaras aunque con incierto final. El primero se titula “Ley que regula el financiamiento político”. El objetivo es regular la actividad financiera tanto de partidos como de movimientos y de candidatos de cualquier naturaleza. El control de estas actividades deberá ser ejercido por el Tribunal Superior de Justicia Electoral, sin perjuicio de la auditoría que pueda introducir la Contraloría General de la República. La ley apunta a echar luz sobre la contabilidad, aplicación, rendición de cuentas y los límites aplicados a los gastos electorales. Se introduce, además, una estricta prohibición del anonimato en los aportes, cuyo origen deberá estar minuciosamente documentado y transparentado.

El segundo proyecto propone modificar una serie de artículos del Código Electoral, entre ellos, los que establecen la existencia de un boletín único para el cargo de presidente de la república, gobernadores, senadores, etc. También toca el sistema de elección por lista completa y de representación proporcional y el que determina que los convencionales constituyentes, senadores, diputados y parlamentarios del Mercosur, miembros de las Juntas Departamentales y Municipales sean elegidos en comicios directos, por medio del sistema de listas cerradas. ¿Por qué? Porque dentro de estas “cajas bobas” cerradas y soldadas se refugian proto políticos que, alineados como velas detrás del carnero adalid impuesto por la jerarquía partidaria, tienen chance de ligar algún cargo electivo al cual, compitiendo por su cuenta, no podrían siquiera acercarse. El proyecto presentado apunta a dinamitar estos cenáculos corporativos, desbloquear el sistema y permitir la libre competencia e igualdad de oportunidades para todos quienes aspiren a un cargo electivo.

El argumento en contra aduce que implementar este sistema abierto de concurrencia y escrutinio de candidaturas es imposible por la infinita combinación de datos. Un puñado de técnicos jóvenes, sin embargo, ha presentado un instrumento informático que zanja esa aparente dificultad y hace viables las listas abiertas. Pero claro, políticos crecidos en la era del pergamino y la péñola no tienen la más pálida idea de lo que es un algoritmo y del valor que tiene hoy como ordenador de operaciones sistemáticas. Veremos si durante el transitar por el Congreso de estos dos instrumentos legislativos ganan la transparencia y la modernidad o se imponen una vez más el oscurantismo y la corrupción sistematizada.

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