Unidos por el espanto

Los franceses celebran y Europa respira, proclaman los sitios informativos del viejo continente. El triunfo de Emmanuel Macron y su partido En Marcha por el 66% de los votos emitidos en segunda vuelta parece asegurar un clima de estabilidad institucional y, a la vez, algo así como la perspectiva de marchar hacia una “nueva política” de manos del que será el presidente más joven de Francia. Macron quiere no sólo permanecer en la Unión Europea sino fortalecerla, conservar el euro y poner a dieta al servicio público francés reduciendo el número de funcionarios en 120.000 plazas, prohibiendo de paso a los diputados la contratación de familiares.

El flamante presidente sueña, además, con convocar al Elíseo (sede de la Presidencia) a “lo mejor de la izquierda, lo mejor de la derecha e incluso lo mejor del centro”. Los franceses, que ya han probado el absolutismo monárquico, la revolución sangrienta, los horrores de la ocupación nazi y la cohabitación política, irán ahora por un nuevo ensayo con lo mejor de los tres mundos. Parece que a Francia (con permiso de Jorge Luis Borges), no la unió el amor sino el espanto, el que le generó la sola idea de que la ultraderecha más cerril se le subiera encima, una especie de colisión de asteroides que estuvo mucho más cerca de lo previsto.
El Frente Nacional tiene en Francia una dilatada historia de triunfos y fracasos. Practicando un nacionalismo de extrema derecha, irrumpió en escena de la mano de su fundador, Jean Marie LePen, con sus propuestas de reinstalar la pena de muerte, salir del euro, repudiar al FMI, el Banco Mundial y la OCDE, abandonar la OTAN y, últimamente ante la riada de refugiados, cerrar las fronteras de Francia no sólo a los migrantes indeseados sino también a productos del exterior aplicando un “proteccionismo inteligente”. En las primeras elecciones en las que participó como candidato a presidente, LePen padre sacó en primera vuelta el 0,74%. No se desalentó. En 1988, catorce años más tarde, obtuvo el 14%, el 15% en 1995 y el 17% en 2002, todos resultados en primera vuelta en el país que inventó el balotaje. Cuando su partido lo expulsó en 2015 tomó el timón su hija, Marine, que llevó el estandarte de la ultraderecha a un terreno desconocido hasta el 7 de mayo pasado: 34% de los votos en segunda vuelta. El Frente parece haber llegado para quedarse, resuelto a competir en las grandes ligas.
Cuando los franceses se despierten de su juerga poselectoral, tendrán que aprender a lidiar con un inquilino nuevo y agrandado que podría hacerles difícil la convivencia política. Sobre todo, a partir de las elecciones legislativas de junio próximo para las cuales En Marcha no estaría muy bien posicionado dada la fragmentada composición de su voto. LePen tampoco la tendrá fácil, aunque seguro irá por la ruptura de su propio récord, 35 escaños en la Asamblea Nacional en 1986. Quienes crean que el Frente Nacional fue derrotado, harían bien en revisar sus apuntes. Parece ser todo lo contrario. Nunca estuvo mejor

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