Hacia la identidad digital

Las tecnologías de la información y la comunicación suponen desarrollo. Cuando ese desarrollo es eficaz, eficiente y duradero se lo considera sostenible. En este contexto, el imperativo emergente actual es concentrarnos sobre el concepto de gobierno electrónico con el fin de comprender cómo las nuevas tecnologías promueven el desarrollo con participación integral. ¿Cómo y en qué medida los gobiernos del mundo están empleando el gobierno electrónico? Esa es la gran pregunta que Naciones Unidas se hace en su último ranking mundial de e-government, es decir, gobierno electrónico.

Pero, ¿qué se entiende por gobierno electrónico? En la declaración de Cartagena de 2014, se lo definió como “un instrumento fundamental para la mejora de la eficiencia, la eficacia, la transparencia en la gestión pública y la promoción de la participación ciudadana favoreciendo la prestación de servicios públicos y la inclusión digital, y, por tanto, el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática y la competitividad”. Este concepto se inscribe en un contexto mucho más amplio del cual habla Manuel Castells, profesor del Internet Interdisciplinary Institute de la Universitat Oberta de Catalunya, al expresar que “hay dos expresiones tecnológicas concretas y fundamentales: una es Internet, que no es una energía más sino el equivalente a lo que fue primeramente la máquina de vapor y luego el motor eléctrico en el conjunto de la revolución industrial. La otra es la ingeniería genética, el concomitante ADN o la capacidad de recodificar la materia viva y, por tanto, ser capaz de procesar y manipular la vida”. Si se combinan ambos factores, señala el investigador, tenemos enfrente un nuevo paradigma: la identidad digital y una nueva tecnología que expresa una cierta y determinada cultura.

“El sistema de valores, creencias y formas de construir mentalmente una sociedad, es decisiva en la producción y las formas de Internet”. Hoy, esta identidad digital está abriéndose camino aunque muy lentamente en la relación entre el ciudadano y el Estado. Para ello es preciso materializar esa identidad mediante la firma digital, un mecanismo de codificación electrónica que permite a las personas recibir mensajes firmados digitalmente determinando la identidad de su emisor y asegurando su legitimidad. Esta relación Estado-ciudadano es la que construye un vínculo que permite avanzar velozmente en la construcción del gobierno electrónico.

En el Paraguay todavía nos falta dar algunos pasos esenciales, entre ellos, generalizar la asignación de una identidad digital que deberá estar contenida desde el vamos en el documento personal por excelencia como la cédula de identidad. A partir de allí, un sinnúmero de trámites que hoy deben ser necesariamente presenciales para asegurar su legitimidad estarán al alcance de un simple click de computadora o de Smartphone. Aún estamos lejos de esta etapa pero la ventaja es que, al revés del tiempo calendario, el tiempo en Internet viaja mucho más rápido y el destino digital podría alcanzarnos antes de que nos demos cuenta. Es entonces cuando podremos decir, con certeza, que hemos entrado en el siglo XXI.

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