La encrucijada venezolana de América Latina (Parte I)

DEMOCRACIA, CONSTITUCIONES Y DESTITUCIONES

Luis Fretes carrera 
Centro de Estudos Internacionais (CEICEICEI-IUIUL)

La opción del gobierno venezolano de realizar la elección de una Asamblea Constituyente presenta un método atípico para encarar la disputa política, económica y social entre grupos insertados en los poderes Legislativo y Ejecutivo de esta nación sudamericana. Ambos poderes están en una violenta confrontación cuyo final parece ser la disolución del Parlamento o la destitución del Presidente, y una reforma constitucional difícilmente podrá ayudar a resolver.
Las Constituciones se han caracterizado por ser la síntesis de los valores, principios y creencias que comparte una sociedad para establecer reglas de convivencia y para ello se establece un nuevo orden, o reforma el orden existente, de tal manera que desde las normas jurídicas se adapten las conductas e impere la legalidad consentida en el interés general frente a la arbitrariedad individual o el interés particular.
Uno de los principales logros políticos en América Latina fue derogar y modificar las Leyes, instituciones y organismos autoritarios impuestos por las dictaduras durante casi cuatro décadas.
Este proceso de cambios legales, iniciado en esta región a fines del siglo XX y conocido como la transición de la dictadura hacia la democracia tenía –en general- dos propósitos simultáneos: por una parte, desmontar un sistema de leyes para erradicar el orden autoritario y la violencia desde el estado hacia la libertad de organización y pensamiento y, por otra parte, construir un nuevo orden político y jurídico que permita la convivencia pacífica, tolerando la diversidad, asegurando el desarrollo económico y garantizando una vida digna con respeto a los derechos humanos.
Desde los 80’s, muchos (casi todos) de los estados Latinoamericanos realizaron elecciones y eligieron representantes para integrar un “poder constituyente” con capacidad para modificar las constituciones y con ello alterar el orden político, social y económico. Según la historia particular de cada nación, los cambios fueron de diferente naturaleza: en algunos casos, como en Argentina y Paraguay, se reformaron las instituciones existentes y en otras, como en Bolivia y Venezuela, se crearon de raíz nuevas instituciones.
Así como existieron diferencias en el método de cambio legal también existió diferencia en, el discurso que fundamentó estos cambios. Para unos la prioridad fue limitar el poder de los gobernantes, establecer la supremacía del estado de derecho, facilitar la libertad económica y establecer mecanismos de control al ejercicio del poder público. En tanto que para otros la prioridad fue reivindicar a los excluidos, ampliar la participación directa del pueblo en los asuntos de gobierno y fortalecer el poder de los gobernantes. En lo que todos coinciden, al menos en el discurso, es en la necesidad de instaurar y ampliar la verdadera democracia y garantizar en el marco jurídico los derechos políticos, civiles y sociales de los ciudadanos.
Con la vigencia de estas nuevas constituciones, se desarrolló en América Latina y el Caribe, un periodo de “consolidación” de la democracia por la regularidad de las elecciones y la participación activa de los ciudadanos en los asuntos públicos del gobierno.
DESTITUCIONES EN DEMOCRACIA
Sin embargo, desde el poder, algunos gobernantes electos por el pueblo y bajo estas nuevas constituciones, continuaron con las viejas prácticas autoritarias actuando al margen de esas nuevas leyes, usurpando funciones, otorgando privilegios, así como también con conductas corruptas que, al apropiarse de bienes públicos y malversar los recursos naturales, ocasionaron graves crisis económicas, numerosos conflictos sociales y debilitaron las instituciones.
En algunos estados como Venezuela (1993), Argentina (2001), Bolivia (2003) y Ecuador (2005), esta situación de crisis económica y social derivó en masivas movilizaciones y protestas sociales sangrientas, donde los ciudadanos se enfrentaron a las fuerzas de seguridad y lograron la destitución de los gobernantes. En otros casos como Paraguay (1999) la presión social fue tan fuerte que intervino el Parlamento o las fuerzas militares -como en Honduras (2009)- para cambiar gobernantes

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