En concreto…Asunción, capital verde… en materia de incentivos

Hace unos meses fue presentado un proyecto llamado “Asunción, ciudad verde de las Américas–vías a la sustentabilidad”. Es impulsado por el Gobierno nacional y busca “generar desarrollo y fomentar el bienestar de la población, respetando y favoreciendo el medio ambiente”, según declaraciones de sus responsables. Muchos fueron los vítores ante esta iniciativa, pero así también varias las críticas. Este hecho me hizo recordar también cuando allá por el 2014 Asunción recibió el premio como “Capital verde de Iberoamérica”, lo cual también suscitó reacciones positivas y negativas.

Mi intención no es discutir si las políticas medioambientales existen o se cumplen, sino reflexionar sobre un punto que me llama la atención: qué tan comprometidos nos mostramos con la ciudad en la que habitamos y su desarrollo.

La semana pasada recibimos en las oficinas de Fortaleza la visita del ministro del Interior y de la cúpula de la Policía Nacional en el marco de una reunión de la Cámara de Anunciantes del Paraguay. En esa oportunidad también nos visitó el candidato a diputado Hugo Ramírez, presidente de la Junta Municipal de Asunción. Charlamos con ellos sobre el enorme potencial de crecimiento de Asunción y los planes que existen.

En los 25 años que venimos siendo activos participantes del desarrollo de Asunción, ésta se ha convertido en una ciudad muy atractiva. Ha crecido de manera exponencial en cuanto a infraestructura, tanto pública como privada, lo que a su vez permite que se multipliquen las opciones de actividades, comerciales y de ocio.

La oferta hotelera se amplió y ni qué hablar de la gastronómica. Sumado a esto, la estratégica posición geográfica de la que goza la ciudad en América la está convirtiendo en un hub de negocios, donde se desarrollan eventos cada vez más relevantes para las diferentes industrias.

La vivienda es uno de los aspectos que más ha ido evolucionando con el correr de los años. Y me gusta hablar de evolución, pues se ha ido adecuando y modificando de acuerdo a la demanda de las nuevas generaciones.
Para empezar, las familias son menos numerosas, según estimaciones de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos, la tasa de natalidad muestra una tendencia descendente, más mujeres en edad reproductiva, pero menos hijos por familia. Sumado a esto, la cantidad de personas que se queda en casa también disminuye, mujeres que trabajan, colegios de doble escolaridad y un crecimiento en la cantidad de opciones de ocio y actividades, hacen que el tiempo de permanencia de los miembros de la familia en la vivienda, también se reduzca considerablemente.
En este contexto, la cantidad de metros cuadrados va perdiendo la carrera frente a la calidad, sobre todo frente a la calidad de vida. Una buena ubicación que demande traslados más cortos, espacios confortables con costos más bajos de mantenimiento, seguridad en todo momento y tecnología que facilite las tareas en el hogar son solo algunas de las señales de este cambio.
El patio de metros y metros de fondo se ha ido convirtiendo en una gran opción para los fines de semana, pero el día a día precisa de viviendas más “eficientes”, es decir, de viviendas que respondan a las actividades diarias de sus habitantes. Se trata de un antes y un después, no para peor o mejor, sino de una transformación que nace de la evolución natural de las generaciones y el estilo de vida.
Por eso, considero que a la hora de pensar en una inversión en ladrillos, es importante considerar este escenario, ya que invertir en un gran espacio que permanecerá desolado el 80% del día, puede no ser la decisión más inteligente para algunas familias. Entiendo que los paraguayos somos un poco nostálgicos, pero al tiempo que las necesidades cambian, los intereses de hoy son diferentes, el ritmo de vida es otro y es lógico que también se generen oportunidades y posibilidades diferentes a las de antes.
Lo bueno es que ante este cambio de paradigmas, el mercado responde con opciones de inversión para acceder a estos espacios más inteligentes en su distribución, ubicación y tendencias arquitectónicas y de diseño. Como empresario de Fortaleza, compañía que lleva 25 años de trayectoria desarrollando el sistema de ahorro en ladrillos, me toca ser espectador y protagonista constante de los sectores vinculados a la vivienda.
La tendencia de reducir las grandes casas que heredaron nuestros padres a lugares más funcionales y rentables, que pueden redituar a través de alquileres, se hace cada vez más estable. Y lejos de oponernos a ella, resulta interesante comprender la profundidad del cambio y los beneficios que implica. No sólo se trata de una transformación arquitectónica o de ingeniería, se trata de un cambio en la forma de vida y en cómo las familias se van desarrollando el día de hoy. Una adaptación del entorno a los cambios sociales que se gestan con el paso natural de los años.
Mi invitación es a comprender esta transformación que se da con las nuevas generaciones y que, desde los diferentes sectores, apoyemos e impulsemos la misma con más oportunidades.

Tenemos un enorme potencial para crecer como una capital de Latinoamérica. Tenemos una posición estratégica en términos geográficos con oportunidades para todo tipo de comercio. Sin embargo, los paraguayos tenemos la costumbre de enfocarnos en ver lo que no tenemos, en lugar de identificar oportunidades. Hace unos días escuchaba en una charla una frase que me dejó pensando: “Cuando dejemos de llorar porque no tenemos mar y nos demos cuenta de que tenemos un río que es el eje de la región en términos de transporte fluvial, vamos a abrir las puertas de contención del negocio”.

Luego de mucha reflexión, hago la misma invitación a la sociedad, de empezar a proyectar una ciudad mejor. Podemos ver lo que está mal o simplemente lo que no está, o podemos construir a partir de lo que somos y tenemos, planificando un crecimiento ordenado en función de la sociedad y de la calidad de vida de su gente

También podría gustarte