Castigo a la arrogancia

Opinión

Por Alfredo Schramm 

Su soberbia y arrogancia (ego, más ignorancia) esta vez le jugaron una mala pasada al titular del Banco Central, Carlos Fernández Valdovinos. Tan seguro de estar por encima de todo, en la impunidad que muchas veces implica estar en el poder y sin analizar las repercusiones, se vistió una remera “salmón” y fue a apoyar a su “amigo” Santi Peña, mientras el entonces candidato se desinflaba en las votaciones, violando su propia ley y pisoteando la institucionalidad de la banca matriz.
Lo acompañó desde el mediodía, como lo vieron todos los periodistas apostados a la cobertura y no desde cerradas las votaciones como trató de instalar a través de sus redes en una campaña de desinformación tratando de salvar su pellejo, pero fue tarde… Qué triste y torpe recurso para quien está acostumbrado a mirar desde arriba a los demás.
El principal argumento de defensa fue tan débil y patético. El punto no es la hora, ni si fue a apoyar a su amigo o a su abuela; el punto es que violó la ley  y por faltar con la verdad no tiene moral para seguir en un cargo tan importante como regulador del sistema financiero.

*Ilustración: iStock

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