El poder está cambiando de manos

Opinión | Lauro Ramírez López | Socio del Club de Ejecutivosos

“El poder se está dispersando cada vez más y los grandes actores tradicionales (gobiernos, ejércitos, empresas, sindicatos, etc.) se ven enfrentados a nuevos y sorprendentes rivales, algunos mucho más pequeños en tamaño y recursos. Además, quienes controlan el poder ven más restringido lo que pueden hacer con él”. Moisés Naím, El fin del poder.
El péndulo está oscilando de nuevo. Aquel elemento que se mueve a derecha e izquierda, utilizado con frecuencia por los pensadores y analistas para comparar el destino de los pueblos en el mundo, de la mano de los cambios de mando y de poder en sus respectivos países, sigue oscilando interminablemente. En nuestro país, los partidos políticos tradicionales nacieron durante una época marcada por el liberalismo de pensamiento, influidos por un nacionalismo fuerte. Pero en la historia y por nuestra precariedad educativa, nunca tuvimos diferencias ideológicas claras.
Derecha e izquierda no fueron nunca opciones muy marcadas aquí, aunque en la década del 20 del siglo pasado ya existía un partido obrero de orientación comunista, y recientemente una ambigua izquierda tuvo su auge con el arribo de Lugo al poder, consiguiendo en la época posterior a Lugo espacios importantes en la representatividad legislativa. No obstante, este florecimiento transitorio reciente será en las elecciones de abril del próximo año cuando podremos apreciar el grado real de fuerza de esa tendencia supuestamente izquierdista en nuestro país, al competir esta en elecciones no estando en el poder. Se puede suponer que en el 2013 traían viento de cola favorable luego de su paso por el Palacio de López. Eso hoy ya no existe.
La elección de Mario Ferreiro no fue por motivos ideológicos. En general nadie ve a Ferreiro como un exponente de una izquierda moderna con contenido, sino que su elección obedeció a otros factores políticos más contingentes y a su simpatía personal. Es decir, no podemos contar su actual estancia en el poder político en la capital del país como un tanto para la izquierda, sino como un cambio para “ver qué pasa”, por parte de los capitalinos. Y muchos ya comenzaron a arrepentirse de sus votos… Antes que ideológico, las opciones en las internas partidarias fueron la continuidad del “nuevo rumbo” del presidente Cartes, o la vuelta del viejo rumbo de siempre, la vuelta a lo tradicional. Por el lado de los liberales y siguiendo la comparación anterior, lo tradicional sería Alegre, y el cambio sería Mateo Balmelli. En un contexto mundial donde el poder es cada vez más efímero, acotado, disminuido y transitorio, de la mano de la fugacidad cada vez mayor del tiempo y las transformaciones cada vez más veloces de la sociedad, la búsqueda del mismo sigue siendo una obsesión para los que transitan este ámbito.
Como dejamos de ser una isla rodeada de tierra –aunque muchos aquí aún piensen así-, el que no entienda la fuerza de los cambios que se dan en el mundo, el que no vea lo poderosas que son las herramientas informáticas y digitales en manos de nuestros jóvenes, el que esté en política y no sepa observar hacia dónde van las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial, el internet, las nuevas plataformas participativas, el pensamiento de los millennials o el gobierno abierto, en pocos años verá caer de a poco toda su influencia y su poder.
Si un humorista como Tony Apuril, con una campaña de G. 20 millones, consiguió ganar en su primera elección, apenas un concejal menos en Asunción, que un partido centenario como el Liberal, y que ahora presenta candidaturas al Senado y diputación en Central y otros lugares, y hasta en la capital, con su partido Hagamos, no consigue llamar la atención a los cerebros de los partidos tradicionales, es que algo falla en su análisis. Las nuevas tendencias también llegan a la política, desde que naturalmente todo hombre es político, al decir de Aristóteles. Puesto que este artículo se entregó antes de las elecciones de anteayer, quiere significar que las tendencias mundiales nos afectan y querámoslo o no, marcan parcialmente el camino y determinan nuestro futuro también. Hacemos votos por el patriotismo de los electos, porque haya diversidad de opciones para los compatriotas y por unas elecciones transparentes y legítimas el próximo año.

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