¿Rutas o escuelas?

El título de hoy no es una ocurrencia semántica con el propósito de impresionar sino un planteo formal que especialistas del Fondo Monetario Internacional (FMI) se hicieron en un estudio titulado “Invirtiendo en infraestructura pública: ¿carreteras o escuelas?”. El documento describe el típico dilema de todo gobernante, sobre todo en los países de menor desarrollo: ¿qué queremos, resultados de fuerte pirotecnia electoral a corto plazo o sólidos a largo plazo? No hace falta siquiera responder esta pregunta. Pero los cuatro analistas del FMI sí lo hacen. “Para los líderes políticos, el factor crucial puede ser la velocidad con que se obtienen los resultados… Invertir en rutas en vez de escuelas produce un crecimiento económico más veloz durante los primeros 13 años. Por el contrario, invertir en escuelas lo desacelera durante nueve años… Con el tiempo, los beneficios de invertir en escuelas superan las ganancias de un gasto similar en carreteras. Pero eso requiere 24 años y pocos líderes tienen un horizonte de planificación tan largo. Denominamos esta circunstancia ‘miopía política’”.
El cuarteto de analistas citado no practica la magia negra ni las artes adivinatorias, tan acertada es su descripción con respecto al Paraguay. El Gobierno que se va en abril próximo –o se queda por interpósita persona, ya veremos- entró a partir de su segundo año de gestión en un frenesí de obras viales, ricas en viaductos, túneles, supercarreteras, puentes y demás construcciones profusamente difundidas como portentosas obras de Gobierno. Mientras tanto, hay escuelas en ruinas, los docentes investigadores cobran menos que un chofer o un mozo y el gasto general en educación sigue anclado entre los más bajos del continente. Los resultados son los que ya sabemos sobradamente. ¿Qué países han logrado buenos resultados invirtiendo en educación? Dejaremos a un lado el muy socorrido ejemplo de Finlandia para ir al otro lado del mundo: Australia. Este país-continente tendría que pasar siglos haciendo carreteras para cubrir su inmenso territorio. Pero los australianos optaron por priorizar la educación y desarrollaron un sistema de educación, capacitación técnica y vocacional (VET en inglés), que provee a los individuos habilidades directamente aplicables al sector laboral. Cubre preparatoria, aprendizaje de oficios, programas básicos y avanzados estrechamente vinculados con las necesidades de las empresas e industrias. Australia invierte anualmente US$ 2.950 per cápita en educación y ocupa el lugar 21 en el ranking de competitividad mundial. ¿Excesivamente materialistas, hiperfuncionales al mercado de trabajo? Parece que los australianos han puesto a un lado estos interrogantes que ocupan por aquí a los teóricos de la educación y han ido a buscar resultados prácticos a una demanda real: trabajo genuino para personas concretas. Nada más.
Referencia documental:
-www.imf.org/en/Publications/WP/Issues/2017/05/04/Investing-in-Public-Infrastructure-Roads-or-Schools-44865-www.oei.es/historico/salactsi/Australia.pdf

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