Bitrenes: Un costoso experimento

Una discutible resolución del Ministe­rio de Obras Públicas y Comunicacio­nes ha abierto las puertas a un “expe­rimento” en las rutas de su jurisdicción autorizando la circulación de los deno­minados “camiones bitrenes”, unos monstruos del transporte masivo cuyo impacto en el sistema vial para­guayo es aún impredecible al no estar contemplada su circulación por las actuales regulaciones de la Dirección Nacional de Transporte. Hace algunos años, Argentina hizo un experimento similar con este tipo de camiones de una longitud de hasta 26 metros. De acuerdo a estimaciones argentinas, los bitrenes transportan entre 76 y 90 por ciento más de carga que las for­maciones convencionales, que en el Paraguay no superan los 35.000 kilos. Se habla de una significativa reducción de entre el 40 al 70 por ciento en el combustible y, según estimaciones del órgano regulador argentino, reducen el congestionamiento vial y la emisión de gases de efecto invernadero. Hasta ahí, lo registrado por Argentina.

La diferencia radica en que mientras allí los bitrenes son operadospor em­presas argentinas -y hasta fabricados en el país- en el Paraguay significa abrirle la puerta a transportistas bra­sileños que cubrirán el trayecto Pedro Juan Caballero-Concepción con sus unidades introducidas del Brasil. Na­turalmente, el gremio paraguayo se ha puesto en pie de guerra y protestado contra esta irrupción en un mercado de fletes que les ha costado años cons­truir y estabilizar a base de inversiones. “No estamos en contra de que se auto­rice el uso de los bitrenes, ni siquiera en contra de los brasileños. Pero que sea gradual y que nos den tiempo para adecuarnos a la nueva etapa y estemos en condiciones de competir”, mani­festaba un vocero del sector.

Esta modalidad masiva de trans­porte es utilizada ampliamenteen Australia, en Canadá y en algunos estados de Estados Unidos. Europa todavía mira con cuidado su admi­sión mientras Brasil y Argentina han implementado corredores cerrados para esta modalidad. La pregunta que cabe, más allá de si son brasileños o paraguayos quienes introduzcan esa novedad, es si la red vial paraguaya está preparada para resistir semejan­te tráfico. Hay rutas que apenas ad­miten un tránsito de mediano a me­dio pesado y no son pocos los tramos más transitados por los transportes masivos de granos que han rendi­do su tributo quedando por comple­to destrozadas. La Transchaco es un ejemplo vivo, totalmente destruida en casi toda su extensión por el tráfi­co de carga. Eso en cuanto a las rutas. La incógnita es qué irá a pasar con los centenares de puentes, la mayor par­te de los cuales fueron construidos a mediados del siglo pasado y con espe­cificaciones de carga que ni se aproxi­man a los actuales requerimientos de circulación, entre ellos, los bitrenes.

El conflicto que hoy se presenta como un choque de intereses sectoriales se desliza hacia un nivel superior e in­terpela directamente a la infraestruc­tura vial paraguaya, puesta cada día a prueba por el indetenible avance de la producción masiva agro-ganadera. Es evidente que, sean paraguayas o bra­sileñas, formaciones que transportan hasta 70 toneladas por viaje podrán tener un costo operativamente me­nor, pero habría que evaluar cuál será el impacto para la red vial y cómo se pagarán los deterioros que sin duda habrán de producirse. Son variables a tener en cuenta: protección al trabajo paraguayo, sí, pero también evalua­ción de daños al sistema vial.

Nada, en este experimento, será gra­tis.

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