Dr. Mussi: ‘Hay muchas políticas públicas que no se ponen en marcha’

Desde su paso por la te­levisión, sembró una fama que no deja de acrecentar­se, recorriendo ciudad por ciudad para transmitir sus conocimientos en mate­ria de salud. David Mussi, o más conocido como el doctor Mussi, es una de aquellas figuras que no en vano se levantaron en la plataforma pública e ins­talaron toda una marca en los medios.

Cómo se abrió paso, es un asunto desconocido para muchos. Pero para el Dr. Mussi, una de sus princi­pales armas para librar la batalla contra la obesidad como médico, es que él la vivió en carne propia. “Ve­nía de bajar 40 kilos. Fue lo que realmente me impul­só, luego de haberme reci­bido de médico, a meterme dentro del mundo de la nutrición”, comentó Mussi en entrevista con 5días.

EN CARNE PROPIA
De esa manera abría un extenso diálogo en torno al tema, hablando no solo desde los estudios y los co­nocimientos, sino desde la experiencia misma.

“Me preparé en todas las áreas y aparte de eso me tocó vivir en carne propia la vida de una per­sona obesa. Es lo que me dio un poco de empatía y autoridad a la hora de po­der charlar de este tema”, mencionó.

Tras obtener el título de médico, optó por espe­cializaciones en el área de nutrición. Entre idas y vueltas al extranjero in­vestigando sobre todo lo concerniente a la obesi­dad, se abrieron las puer­tas para pisar el plató de “Cuestión de Peso” de una forma curiosa e inespera­da. La producción se había contactado para contar con su participación en el programa creado para ayudar a personas que su­frían de obesidad. “Cuan­do me escribieron. creí que se estaban equivocando” dijo, dado que pese a ha­berse ganado cierta fama en twitter con sus posteos sobre el tema, no creía que fuera a llegar a tal punto.

“Aunque no creas vos tenés algo que a la gente le va a atraer”, fue lo que Domingo Coronel, direc­tor del programa le dijo. Y aceptó lo que para él en realidad significaba todo un reto de superación per­sonal.

EL RETO
El pánico escénico fue la primera barrera a de­rribar. “Yo no me podía exponer en público”, con­fesó. “Me temblaban las manos, le tenía miedo a la gente. Tuve que hacer muchos tratamientos para poder superar todos esos miedos”, agregó, enfati­zando que involucrarse en la televisión lo ayudó a su­perarse en todas las áreas en las que se encontraba débil.

“Profesionalmente ad­quirí bastante experiencia y me fue muy bien, estuve 3 años en TV. Después dejé porque quería dedicarme más a mi vida tranquila. Dar rienda suelta a tu vida en los medios es de doble filo, no solo eso sino que me siento cómodo en el consultorio”, detalló.

Hoy se dedica a prestar conferencias alrededor de todo el país. “Me dio mu­cho conocimiento el haber vivido la obesidad. Con los libros fui creando una experiencia importante y hoy me dedico mucho a lo que son los seminarios al­rededor del país”.

ARTE EN LAS VENAS
Todos lo conocen desde su faceta de doctor ayudando a personas con problemas de obesidad, sin embargo, además de la medicina, es todo un artista que lleva la música en las venas.

“Toda la vida toqué músi­ca, enseñé mucho tiempo a chicos especiales. Después por todo lo que implica la profesión tuve que dejar”.

LA OBESIDAD
“Todos tenemos algo de culpa pero el sistema bajo el que vivimos tiene gran responsabilidad”, refirió sobre la obesidad.

Al mismo tiempo indicó que es necesario diseñar políticas para poder com­batirla. “El acceso a ali­mentos industrializados aumenta. Hay políticas públicas que no se están poniendo en marcha, el etiquetado nutricional de ciertos productos no tiene información com­pleta”.

También dijo que las po­líticas públicas educativas sobre el tema no están im­puestas en nuestro país. “No hay conocimiento”, señalando que gran par­te de los problemas de desorden alimenticio se dan por desconocimiento, además de otros factores que inciden, como el rit­mo de vida acelerado que desarrollamos como so­ciedad. “Antes no habían los problemas de hoy día que generan un despertar hormonal, que lleva a la obesidad”, apuntó, recor­dando que no solo se trata de los alimentos que con­sumimos, sino de cómo vivimos

 

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