¿Y el presupuesto?

Opinión Juan Pablo Fernandez Bogado - Profesor Abogado - @jpferbo

 

Empezamos un nuevo año y todavía no se ha logrado cerrar lo concerniente al presupuesto de gasto de la nación que corresponde al 2018. Mientras la Ministra de Hacienda, Lea Giménez, sale al paso “preocupada” por el déficit en la propuesta remitida por el legislativo, su administración ha en­contrado el mecanismo de manera milagrosa, reite­rando que el estado no cuen­ta con recursos, para benefi­ciar con una ayuda familiar a los funcionarios de su carte­ra al cierre del año que nos dejó. Ahora bien, mucho se ha hablado de la transpa­rencia en todos los discur­sos, que hasta el cansancio hemos escuchado el año pasado que gracias a la Ley 5282/14 las cuestiones no solo administrativas sino de gestión han cambiado para bien de todos. ¿Tiene usted la sensación que eso es así realmente? ¿Se ha tenido en cuenta en todos los planes de presupuestos el fortale­cimiento de las unidades de transparencia y anticorrup­ción de todas las fuentes públicas? No es cosa menor esto, ya que a partir de un tratamiento serio, respon­sable y comprometido desde los recursos que se designan se podrá seguir saneando la cosa pública, que al final es de todos. Hace menos de un año un referente de la uni­dad de anticorrupción de la actual administración dijo que en materia de Acceso la Información “La nota no llega a cinco debido a una serie de falencias que ado­lece el sistema de recepción y respuestas a las solicitudes de información. Uno de los factores determinantes es la carencia de rubros y la falta de previsión de presupues­tos destinados a la optimi­zación del portal AIP” Poco ayuda, a la larga, los lindos discursos donde nos cuen­tan que son transparentes y brindan plenamente el acceso a la información de la cosa pública por todos los medios posibles, cuando la verdad es otra. Mientras si­gamos no dando la impor­tancia al presupuesto para que estas unidades se for­talezcan en el tiempo y pue­dan cumplir con el trabajo de sanear, depurar y hacer que la gente vuelva a creer en sus instituciones, como vengo repitiendo, no servirá de nada. Empezamos un año con aires nuevos. Finaliza­mos el 2017 con ejemplos de cómo cuando se hace bien la tarea en materia de transpa­rentar la cosa pública y que los mecanismos anticorrup­ción funcionen empiezan a caer las piezas inservibles que dañan profundamente a la república. ¿Cuánto más se podría lograr si es que le damos la importancia de­bida y les dotamos de las herramientas precisas para que esto continúe? Estamos en un año electoral donde no estarán ausentes las pro­mesas de siempre, de todos los candidatos. Gracias al Grupo impulsor de acceso al a información (GIAI) se cuenta con un documento donde los mismos se com­prometen públicamente a seguir trabajando por el ac­ceso a la información públi­ca sea quien gane. Espere­mos que honren la promesa y no defrauden la confianza. Debemos entre todos exigir, demandar y cuidar riguro­samente este proceso que se inició en el 2014. Un mayor sentido de “Control y Segui­miento” deberá ser el obje­tivo del año que se inicia y solo así al finalizar el mismo con una calificación sobre­saliente que sea el resultado de un trabajo planificado y con objetivos medibles que nos sirvan de metas reales y que van a cumplir.

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