La importancia de la Suma Asegurada en el Contrato de Seguros

GUILLERMO FRONCIANI
Abogado

El Articulo 1600 del Código Civil ex­presa: “…El asegurador se obliga a resarcir, conforme al contrato, el daño patrimonial causado por el sinies­tro…”. Esta es una obligación contractual que la ley ha establecido que, ocurrido el siniestro, la aseguradora tiene la obligación de resarcir el daño patrimonial efectivamente causado. Pero en la última parte del artículo expresa que “…responde solo hasta el monto de la suma asegurada…”.

Esta segunda aclaración de la norma coloca un límite económico a este resarcimiento, el que es fijado contrac­tualmente y recibe la denominación de suma asegurada. Este último concepto constituye la base sobre el cual se realizó el cálculo de la pri­ma o costo del seguro. De ahí su importancia en la correcta determinación desde la concep­ción original del seguro.

Tenemos entonces una combinación entre “daño efectivamente sufrido y suma asegura­da”. Lo primero es que el asegurado solo pue­de percibir el daño efectivo sin llegar al lucro, ya que la naturaleza del seguro es devolver al asegurado su misma situación patrimonial como estaba antes de producirse el evento. Y lo segundo constituye los límites del contrato, es decir el monto máximo que debe pagar el asegurador y sobre el cual se compromete.

Pero puede darse el caso, en que esa suma ase­gurada (pactada en la póliza) sea mayor al va­lor del bien asegurado, lo que se da en llamar supraseguro y en ese caso la indemnización se calcula sobre la base del valor real del bien. Y por el contrario puede darse el caso en que la suma asegurada sea menor al valor del bien asegurado, lo que se da en llamar infraseguro y en ese caso la indemnización se reducirá por la aplicación del cálculo proporcional o a pro­rrata a excepción de los contratos celebrados bajo la modalidad de a primer riesgo.

Así el Art. 1604 del Código Civil expresa que: “…Si al tiempo del siniestro el valor asegurado excede del valor asegurable, el asegurador solo está obligado a resarcir el perjuicio efec­tivamente sufrido… y, Si el valor asegurado

es inferior al valor asegurable, el asegurador, solo indemnizara el daño de la proporción que resulte de ambos valores, salvo pacto en contrario…” . Esta regla proporcional es enun­ciada de la siguiente manera: la indemniza­ción es al daño, en la misma proporción que la suma asegurada es al valor asegurable. Su consecuencia radica en que el asegurado, al contratar en esas condiciones, cubriendo en forma insuficiente el valor asegurable, acepta afrontar personalmente la fracción de los da­ños no cubiertos.

La existencia de supraseguro, o sobrevalora­ción puede ser advertida durante la celebra­ción y con posterioridad por las partes, en la etapa de ejecución ya sea porque ha disminui­do el valor de la suma asegurada, o en ocasión de verificarse un siniestro. Nuestra legislación contempla esa opción al decir: “…Si la suma asegurada supera notablemente el valor ac­tual del interés asegurado, el asegurador o el tomador (asegurado) pueden requerir su re­ducción…” (Art. 1601 1er párrafo Código Civil)

Es importante diferenciar entonces el concepto de valor asegurable, como la suma por la cual el asegurado habría debido tomar el seguro que le garan­tice una cobertura por el daño total y el valor asegurado que es la suma asegurada consignada en la póliza que puede o no coincidir con el valor ase­gurable.

En la práctica, en el seguro de daños patri­moniales, el asegurado debe determinar, al tiempo de celebrar el contrato el valor real – en lo posible – del objeto, sobre el que se asienta su interés y que se habrá de con­vertir luego en la suma asegurada. Cons­tituye una carga para quien contrata el seguro pues se toma el criterio de que, “na­die conoce mejor el riesgo que el mismo asegurado”, no obstante puede recurrirse a tasadores, o empresas de asesoramiento de riesgos que pueden con un criterio más técnico determinar el valor real “asegura­ble” de los intereses a cubrir.

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