No, señor obispo Escobar

No, señor obispo Escobar. Ud. no tiene idea de lo que ha dicho. Nadie merece el exilio, por inútil, corrupto o sinvergüenza que sea. Si alguien, en el ejercicio del poder, robó, malversó y se enriqueció al margen de la ley, para eso está la ley, para juzgarlo y, si hubiere lugar, condenarlo. Si un político muestra, aparte de su condición de ladrón, incapacidad manifiesta en el ejercicio de su cargo, hay caminos previstos por la Constitución para privarlo de su cargo. O, en última instancia, negarle el voto en la próxima elección.

Es cierto que en el Paraguay hay demasiados aspirantes a cargos públicos que exhiben, en lugar de una hoja de vida que los haga elegibles, prontuarios desbordantes de imputaciones y, muchas veces, hasta sentencias por todo tipo de delitos. Si están libres y ejerciendo la función pública, es porque aún no hemos podido enderezar a ese poder carcomido por la corrupción que se llama Justicia. Es, a la vez, nuestra vergüenza y nuestra materia pendiente.

No, señor obispo. Nadie merece el destino que tuvieron miles de paraguayos arrojados de su tierra por la intolerancia política y obligados a enterrar sus vidas en el exilio. Muchos de ellos sobrellevaron esa condición a fuerza de voluntad, como Augusto Roa Bastos, Carlos Lara Bareiro, Herminio Giménez

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