“Lo que natura non da…

Por Cristian Nielsen

“El que nació para pito nunca será corneta”. Pese a ser brutal, este aforismo encierra puro saber popular. Giovanni Guareschi lo refleja en “La vuelta de don Camilo”, una deliciosa colección de cuentos en la que narra la historia de un niño, hijo de una copetuda familia de abogados milaneses, que se negaba a estudiar leyes. “Quiero ser mecánico” repetía, para horror de todos. Y fue mecánico, el mejor de Milán, que no es poco. Nada que ver con el determinismo filosófico ni con la relamida frase sanmartiniana “serás lo que debas ser o no serás nada”. Es algo más. Pura lógica aplicada. Los alemanes lo tienen claro, según reporta el diario El País desde Dusseldorf: A los once años, el sistema educativo alemán divide a los niños en tres grupos según sus notas y su velocidad de aprendizaje. Los que cuentan con mejores resultados académicos van directo a la Universidad. A los demás se les destina a profesiones técnicas. Ni siquiera es algo novedoso. Ya se usaba en Renania-Westfalia en el siglo XIX. Hoy se lo conoce como “aprendizaje dual”.  Por aquí hay instituciones –coincidentemente de gestión alemana- que aplican este sistema con buenos resultados. Se podría resumir así: mejor un buen mecánico dental que un mal odontólogo. Pero como a partir del estronismo se puso de moda el “proletariado universitario”, aquí cualquiera es bueno para cualquier título, de licenciado para arriba por supuesto. Nunca más lejos de “lo que natura non da…

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