¿Qué cosa ganó Mario Abdo?

En su artículo, José Carlos Rodríguez menciona que la actual victoria por 3,7% de votos para la presidencia, consolida la circunstancia siguiente: el coloradismo perdió su ma­yoría absoluta. No la había tenido al inicio de la demo­cratización. La alcanzó muy poco tiempo después para las elecciones convocadas para la Convención Nacio­nal Constituyente. Esto se mantuvo hasta 2012. De ahí en adelante, el coloradismo gana, pero ya dependiente de la dispersión de su contra­parte.

Para Rodríguez, la frag­mentación del voto no es una circunstancia. Es una contante y una regla. El partidismo cautivo está debilitado. Algo similar pasa con los votos de la alianza Ganar. La chapa presidencial encabezada por Alegre ganó para su partido, en el senado, solo la mitad de los votos pre­sidenciales.

Cómo afectará esta disper­sión del electorado la gober­nabilidad es una cuestión difícil de prever. Y el Ejecu­tivo mismo es un enigma. El joven heredero del núcleo duro de la dictadura se le­vantó contra la renovación cartista, apelando al viejo partido clientelista y exclu­yente. Contra el modernis­mo empresarial. Ahora tiene que caminar con las dos corrientes, la neo-estronista y la empresarial – opina el experto.

Según Rodríguez, el auge económico alienta nuevas esperanzas, mayores recur­sos, pero también alienta más reclamos. Si la tendencia mundial es contra-reformis­ta quedan pocos pretextos para no derrotar la pobreza mayoritaria, para no superar la concentración rentista de los capitales y para no parar la depredación extractivista de los recursos naturales.

OPOSICIÓN

José Carlos Rodríguez men­ciona que también la oposi­ción es otro enigma. Frente al oficialismo, los opositores hicieron una alianza renta­ble, pero insuficiente.

Una alianza tardía, poco es­merada, poco programática, poco unificada, paralizada desde el inicio por la propa­ganda sucia del oficialismo que creó una falsa sensación de inmensa victoria oficialis­ta y una derrota catastrófica opositora.

En cuanto al cuestionamien­to del proceso, Rodríguez afirma que La línea de base que ‘formateó’ la opinión pública ante el acto de sufra­gio fue la propaganda sucia oficialista. A eso se sumó la impostura del Tribunal Su­perior de Justicia Electoral, que declaró vencedor al su­puesto vencedor sin docu­mentos legalmente válidos.

Por otro lado Rodríguez resalta las debilidades de la estructura electoral.

Las mesas electorales se basan exclusivamente en la competencia entre par­tes. Todo es partidocrá­tico, nadie es imparcial, todos son jueces y partes. Eso compensa la competencia.

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