INTOXICADOS EN EL TRABAJO

Por Stephanie Hoeckle
Directora de OUI OUI
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¿Gente tóxica? Hay representantes en todas partes: en la calle, en la familia, en el gym, en la facultad, en el grupo de padres del colegio de nuestros hijos… pero donde casi siempre nos sentimos más afectados por su incidencia es en el trabajo, ya que pasamos buena parte del tiempo en ese ámbito, donde no solo encontramos compañeros tóxicos, sino también algunos jefes y clientes tóxicos.

Hablamos de personas que saben cómo complicarnos la vida y que parecen estar muy conformes con ello, ya que no hay ningún indicio de que cambien. Son arrogantes, creen tener siempre la razón aunque no sea así, viven repartiendo chismes, generan conflictos y estrés, hacen más difíciles las tareas para los demás y lo fundamental: son capaces de hacernos dudar de nuestros talentos y habilidades, al punto que terminamos preguntándonos si el problema somos nosotros. ¿Estamos intoxicados? Si la respuesta es positiva, es hora de tomar cartas en el asunto.

ALGUNAS ESTRATEGIAS
En numerosos libros y blogs, hay estrategias de coaching para hacer frente a esas personas cuyas maneras de ser nos hacen daño. Lo primero que recomiendan es identificar quiénes son y cuáles son los comportamientos que nos afectan para luego establecer mecanismos de defensa. Por razones de espacio, seleccioné en esta ocasión tres patrones comunes en los ambientes laborales y lo qué podemos hacer con ellos: Contra los conflictivos: Cuesta ir a pedirles algo porque, por lo general, tienen un pero para todo. Les encanta criticar y siempre están en contra. Crean fricciones en el equipo. En algunos casos, son personas que ya llevan muchos años trabajando en un mismo lugar y que están insatisfechos con su tarea. Otras veces esta conducta se asocia a ciertos colaboradores que son considerados muy talentosos, única razón por la que se los tolera, aunque en detrimento del resto. Ya he vivido esa situación y puedo dar fe de que sin “un genio” una empresa no se viene abajo. El equipo hace causa común, se siente liberado y deja aflorar su creatividad, por lo que se termina mejorando. A los conflictivos hay que ponerles límites desde la palabra. Es importante que sepan que estamos abiertos a críticas constructivas y no destructivas. Podremos estar en desacuerdo en muchos puntos, pero en el trabajo habrá que concentrarse en los objetivos. La discusión podrá trasladarse a otro momento y lugar.

Contra los perezosos: Cumplen a rajatabla la ley del menor o de ningún esfuerzo. Son estrategas a la hora de librarse de tareas, suelen tener ausencias laborales repetidas y se entretienen charlando con los demás o navegando en internet por horas. ¿Resultado? Uno termina con trabajo extra que no le corresponde. El primer paso es no cubrir a este tipo de personas. Hay una especie de solidaridad mal entendida entre muchos trabajadores. Si los proyectos no avanzan por un compañero que no aporta (sobre todo cuando sucede de manera reiterada) es el momento de comunicarlo a los superiores, buscando ser proactivos y encontrando las palabras adecuadas: “No estamos pudiendo llegar a la meta, porque tenemos un compañero que creemos se siente desmotivado (dar ejemplos, situaciones que ocurrieron). ¿Cómo puede ayudarnos la empresa a alcanzar nuestros objetivos?”, puede ser una manera de iniciar el diálogo. Contra los burlones: Un ambiente laboral distendido nos permite trabajar más relajados y alegres. Los chistes son bienvenidos, pero otra cosa es burlarse de una persona y convertirla en el hazmerreír de la oficina. Hay gente que se especializa en eso y que logra coro con los demás compañeros. Es algo difícil de afrontar, porque las burlas duelen, pegan duro. Hay que buscar no darle la importancia que los demás quieren, responder con humor y picardía para neutralizar al que nos ofende, aunque no siempre es fácil. Contar con una red de compañeros en los que confiemos puede ayudarnos a enfrentar esta situación, pues mientras menos público tenga el burlón, menor será su poder. Si se considera que hay maltrato, habrá que denunciarlo con un superior.

 MÁS TIPS PARA TENER EN CUENTA
No se trata de encerrarnos en una burbuja, pero tenemos que aprender a desconectarnos de la gente tóxica: encontrar motivos, personas y momentos que contribuyan a que nos sintamos bien, para dejar de poner atención en aquellos que nos hacen daño. Victimizarse también resulta contraproducente, es una actitud que atenta contra el éxito personal y laboral. Invirtamos, mejor, en transformar nuestras vidas.

Los expertos recomiendan la visualización creativa, es decir imaginar diferentes situaciones para crear una realidad profesional distinta y con esa meta ir generando cambios pequeños pero constantes. A veces, sin embargo, los esfuerzos por intervenir nuestro ambiente laboral no resultan suficientes. Entonces habrá que poner en la balanza el bienestar personal y ser capaces de tomar decisiones si es necesario, sobre todo cuando trabajamos en una empresa cuya cultura también es tóxica, pues permite el autoritarismo, la falta de respeto y el maltrato. Ahora bien, ya anotamos algunos perfiles tóxicos y conocemos técnicas para contrarrestarlos, pero no olvidemos que también nosotros podemos ser tóxicos. No basta con mirar a nuestro alrededor, para depurarse hay que empezar por uno mismo.

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