“Es la Constitución, estúpido”

Cumplirla y hacerla cumplir no es una opción.

POR CRISTIAN NIELSEN 

Parece que para algunos hombres públicos, la Constitución puede tomarse con beneficio de inventario. Algo así como un rejuntado de aforismos de Paulo Coelho que podemos seguir si nos conviene.

Este modelo le cae justo al intendente municipal de Salto del Guairá que le está haciendo gastar a sus contribuyentes una pila de dinero en edificios de culto. Sus argumentos son abstrusos e inaplicables.

Habla de fortalecimiento de valores, cimiento espiritual y conceptos por el estilo que estarían muy bien encaminados si no vinieran con un adjunto inaceptable: la re­ligión. Si el intendente está tan preocupado por el presente y futuro de la juventud, el ámbito municipal le provee instancias adecuadas en las que volcar esa vocación.

Observe, a modo de ejemplo, el centro juvenil comunal de innovación y empren­dimiento de Sarona, Israel. ¿Muy lejos, muy caro? Entonces, el movimiento Start­up Weekend de San Salvador, con financia­ción del PNUD dirigido a jóvenes de 12 a 18 años decididos a aprender los conceptos básicos para lanzar sus propias empresas.

¿Aún muy lejos? Algo más cercano. Está en la meca del municipalismo paraguayo, Curitiba. Allí se realizan cada año las Jor­nadas de Jóvenes Investigadores bajo el patrocinio de la comuna abordando temas como desarrollo regional, medio ambiente, ciencias políticas y sociales, biofísica, ingeniería agrícola, ingeniería mecánica y de la producción agroalimentaria… en fin.

Son ámbitos concebidos para impulsar en los jóvenes la iniciativa, el empren­dimiento y la innovación que estimulan el intelecto, acicatean la creatividad y despiertan su apetito por el progreso, no sitios para dormirlos con oraciones. Esa debiera ser una misión superior en la visión de cualquier intendente. Para eso ha sido ideado el sistema de contribuciones obligatorias alimentado por tasas e impuestos municipales.

No es un invento, lo dice la Constitución.

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