Culpable o no

Por Stephanie Hoeckle – Directora OUI OUI
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Ahora que resurgió Luis Miguel gracias a la serie de Netflix y que muchas de sus canciones vuelven a escucharse en la radio, me quedó sonando en la cabeza el título de una de ellas, Culpable o no, y lo mucho que esta frase nos afecta a las mujeres. ¿Por qué nos sentimos siempre tan culpables? Según numerosos estudios, mientras los varones son capaces de dar vuelta la página con mayor facilidad, nosotras nos quedamos estancadas en la culpa y vivimos mal por eso. Si trabajamos y somos madres, nos reprochamos por no tener tiempo suficiente para nuestros hijos; si no trabajamos, nos machacamos por haber perdido oportunidades; si vamos de vacaciones, nos afecta haber dejado a nuestros padres… En conclusión, muchas veces no estamos bien ni en el trabajo ni en casa ni durante las vacaciones.

Sentirnos culpables no es malo. Si con nuestras acciones u omisiones hemos afectado el bienestar de una persona o no actuamos según los valores que decimos sostener, está bien preocuparse por las consecuencias de eso, reflexionar al respecto, tratar de reparar el daño, evitar que se repita y seguir adelante. Pero si ese sentimiento nos acompaña todo el tiempo, nuestra culpa se vuelve crónica y, como las enfermedades, nos hace sufrir.

Según el libro Los sentimientos de culpa. ¿Qué hacer con ellos?, de Itziar Etxebarria, a las mujeres la culpa nos afecta en mayor medida porque, por lo general, somos más empáticas (sabemos ponernos en el lugar del otro) que los varones y porque todavía respondemos a prácticas educativas que hacen que tendamos a sentir más ansiedad ante cualquier norma infringida y a contener más la agresividad, que a menudo terminamos volcando sobre nosotras mismas. ¿Qué hacer al respecto? No hay fórmulas mágicas, aunque quizás estos consejos puedan ayudarnos a lidiar con la culpa: BAJEMOS LAS EXPECTATIVAS A veces nuestro malestar es producto de expectativas que nos fijamos pero  que no podemos cumplir como queremos. Somos humanas y debemos aceptar que no siempre podemos con todo. Eso no quiere decir que olvidemos nuestras metas y las ganas de superarnos, sino que las mantengamos sin la fantasía de alcanzar la perfección, dándonos permiso para equivocarnos y aprender de nuestros errores. Ya lo dice el refrán: «Quien mucho espera se decepciona».

En otras ocasiones sentimos culpa por no poder satisfacer las expectativas de los otros. En realidad, no deberíamos tener expectativas más que de nosotras mismas, aunque cuesta tanto ser conscientes de eso. A veces ni siquiera estamos enteradas —o tenemos una idea equivocada— de lo que los demás esperan de nosotras o de nuestro trabajo. Por eso, para no cargar con remordimientos, es preferible preguntárselo directamente a los clientes, jefes, amigos o familiares.

Liberemos la carga

Una de las maneras más simples de liberarnos de culpa (ya sea en el trabajo, con los amigos o en la vida familiar) es pedir disculpas. Brinda un alivio inmediato y es clave para el bienestar psicológico. Hay que aprender a pedir perdón, a perdonar y, en especial, a perdonarse a uno mismo. Dicen que dispensar a los demás se vuelve realmente significativo cuando tenemos también la capacidad de absolvernos a nosotros mismos y de darnos la oportunidad de ser lo que somos.

Para las que ejercemos la maternidad, la recomendación de hoy es educar sin culpas, con límites, pues si queremos evitar que sufran, no les permitiremos crecer emocionalmente. Parte de nuestra tarea es educar para formar personas libres y responsables, por lo que como padres debemos dejar de ser tan culposos.  DE PASIVAS A ACTIVAS La culpa es pasiva, nos mantiene en el pasado, en el dolor, la crítica y el reproche. ¿Qué ganamos con eso? Solo mortificarnos. Sin embargo, también podemos volverla activa, transformándola en algo enriquecedor. ¿Qué hice mal? ¿Qué tan malo es? ¿Por qué lo hice? ¿Qué aprendo de esto? ¿Puedo enmendarlo? Hay una terapia que consiste en cerrar los ojos e imaginarnos un juicio, en el que contamos con un abogado defensor y un fiscal que debatirán con argumentos racionales sobre nuestra causa y lo que podemos hacer para convertir los remordimientos en algo reparador. Todo sea para que la próxima vez que suene Culpable o no, pueda corearla sin que asome culpa alguna.

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