La Economía del Clima

Por Abelardo De Paula Gomez Jr.
Para MCS

 

Este año 2018 uno de los ganadores del premio Nobel de Economía es William Nordhaus, catedrático de la Universidad de Yale, quien es considerado como el padre de la economía del clima, y ha sido merecedor del galardón debido a su trabajo para desarrollar un modelo capaz de identificar las políticas más eficaces para enfrentar un problema global que preocupa a muchos y, sin embargo, aún ocupa muy pocas políticas económicas: “el calentamiento global”.

Nordhaus quizás es más conocido por el manual de economía más influyente que todo estudiante de negocios ha tenido en sus manos alguna vez durante su formación “ECONOMIA”, del cual es co-autor, junto con Paul Samuelson (+). No obstante, Nordhaus, se ha dedicado desde el año 1975 a estudiar la forma de integrar los aportes de la ciencia del clima, la tecnología y la economía, con el objetivo de limitar las consecuencias del cambio climático.

Este esfuerzo de más de cuatro décadas le ha valido el reconocimiento de la Fundación BBVA en el año 2017, cuando le otorgaron el premio “Fronteras del Conocimiento”. Según las propias palabras de Nordhaus su trabajo “trata de representar todas las relaciones fundamentales entre la economía y el clima de la manera más sencilla posible: variables como la población, el PIB, las emisiones de carbono y el cambio climático”.

En economía es muy usual la utilización de modelos matemáticos para representar las relaciones entre diferentes variables, estos modelos, si bien son simplificaciones de la compleja realidad, reflejan suficientemente la misma de tal manera a realizar análisis del tipo “que pasa si” y sirven para delinear acciones de política económica. Los modelos desarrollados por Nordhaus según sus palabras “representan la relación entre la población y el crecimiento económico, por una parte, y las emisiones de gases y el cambio climático, por otra”, es decir que finalmente se trata de medir el impacto del cambio climático sobre el crecimiento económico en el largo plazo.

La principal consecuencia del cambio climático, según la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR), es que “aumenta la frecuencia y la gravedad de los fenómenos meteorológicos extremos”, que en los últimos 20 años a nivel mundial dejaron sin techo y obligaron a desplazarse a unos 4.400 millones de personas, y cegaron la vida de 1,3 millones de personas.

Además, estos fenómenos ocasionan pérdidas económicas que sumaron 2,9 billones de dólares en el periodo 1998-2017, un aumento de más del 120% sobre las cifras del periodo 1978-1997. Y de esa cifra el 77%, es decir unos 2,24 billones de dólares, relacionados directamente a desastres climáticos, aumentando más del 150%. Las estadísticas señalan que las catástrofes vinculadas con el clima representaron el 91% de los 7.200 fenómenos registrados en los últimos 20 años, siendo las tormentas y las inundaciones los más frecuentes.

Volviendo a Nordhaus, su modelo llamado DICE (Dinámica Integrada de Clima y Economía, por sus siglas en inglés), casualmente significa “dado” en inglés y su último libro justamente se titula “El Casino del Clima”, ya que según su punto de vista la humanidad está asumiendo graves riesgos para el planeta, los cuales son comparables a los riesgos de los juegos de azar. La versión revisada del modelo se convirtió en una herramienta muy utilizada para determinar los costos y beneficios de reducir las emisiones de dióxido de carbono.

Nordhaus ha dicho que en 1975 “todavía no sabíamos cuál era la seriedad de las consecuencias del calentamiento global y ahora que sí lo sabemos debemos actuar ya porque cada año que pasa se hace más difícil lograr los objetivos”. El principal resultado de su trabajo es que permite ‘precificar’ o poner un precio al carbono, y en este caso según sus cálculos el carbono emitido al medio ambiente le cuesta a la sociedad entre 30 a 40 dólares por tonelada.

La consecuencia de este hallazgo es que su receta para paliar el cambio climático se basa en gravar con un impuesto la emisión de dióxido de carbono, según los cálculos de Nordhaus, en promedio el impuesto estaría en torno al 1%. No obstante, el impuesto debería estar diseñado de tal forma que cada empresa pague de manera proporcional al contenido de carbono de sus productos, con lo cual se estaría ayudando a frenar la emisión de este gas de efecto invernadero.

Nordhaus señala que “el cambio climático es diferente a otros problemas (…) es un problema internacional, sobre un bien público global”, justamente el bien público definido por Elinor Ostrom, politóloga americana es “Un bien que está disponible a todos y cuyo uso por una persona no substrae del uso a otros”, por lo tanto, un bien público beneficia a todos, pero nadie es directamente responsable por su cuidado al ser de propiedad colectiva y en este caso de la humanidad como un todo.

Si bien, Paraguay no tiene demasiadas industrias que generen Gases de Efecto Invernadero, si es preocupante la deforestación de la cual ha sido objeto el Chaco Paraguayo, ya que la tala indiscriminada de bosques libera ese tipo de gases al ambiente. En ese sentido, informes de la NASA indican que entre 1987 y 2012 los bosques en Paraguay perdieron casi 44.000 km cuadrados, lo que implica una tasa de 1.760 km cuadrados por año, mientras que, en el año 2017 según un informe de Guyra Paraguay, en promedio se deforestaron 1.033 ha por día, lo que hacen un total de 377.045 ha por año, lo que suma 3.770 km cuadrados por año, es decir 114% más que el promedio de años anteriores. Finalmente, el problema del cambio climático y de la tala indiscriminada es que todo lo que hagamos hoy impactará sobre las generaciones futuras.

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