Decadencia

Muchos dicen que cada pueblo tiene los gobernantes que se merecen, yo diría que tienen los que se les parecen.

Por Juan Torres
@jualtorres
PERIODISTA

Muchos dicen que cada pueblo tiene los gobernantes que se merecen, yo diría que tienen los que se les parecen.

La Cámara de Diputados es una representación a escala de todo lo que está mal en el país. Un porcentaje alto de gente semianalfabeta, “viveza” por encima del mérito y la honestidad, repulsiva vulgaridad ocasional y una cínica doble moral que asusta.

Como la mayoría de la gente, perdí el hilo de todos los papelones y las abiertas sinvergüencerías que cometieron este año y, me preocupa que como a varios, lleguemos a un punto en el cual hayamos perdido la capacidad de indignación, de espanto. Y así, los que ganan son ellos.

El marco de fondo de esta degradación moral es un país en donde el crimen organizado, sobre todo brasileño, parece tener absoluto control sobre gran parte de nuestro territorio.

El hampa ha venido penetrando sostenidamente las instituciones de la República y, a este paso, estamos a algunos años de que reemplacemos el himno por un narcocorrido.

Tras la fiebre de escraches a políticos de mitad de año, parece que volvimos a la apática dinámica social habitual paraguaya, en la que, una población harta y con un año económico complejo, decidió recluirse en sus problemas del día a día confirmando lo que somos: una sociedad disgregada y partida.

Podemos estar creciendo al 4%, que tampoco es espectacular dado nuestro nivel de desarrollo, pero nada será sostenible si no hay una drástica renovación de nuestra clase política. Nos quedará una sociedad envejecida pero aún pobre, un territorio devastado ambientalmente y la bandera de la mafia ondeando en vez de la tricolor. Es la imagen de la decadencia.
Aún estamos a tiempo.

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