Derechos humanos, combate a la corrupción e impacto en la economía

Paola Vaccotti
Para MCS – Economí[email protected]

En la historia de la humanidad muchas veces se han repetido cíclicamente errores y aciertos, por lo que la recordación de fechas e hitos importantes nos ayuda a no perder la memoria.

El mes de diciembre de cada año posee varias fechas importantes que son conmemoradas a nivel internacional: el 1ero de diciembre es el Día Mundial de la lucha contra el SIDA, el 3 el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, el 9 el Día Internacional contra la Corrupción y el 10 el Día de los Derechos Humanos.

En 1948 numerosos países (entre ellos Paraguay) firmaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el año 2003 se aprobó la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento histórico que se ha convertido en el más traducido del mundo con versiones en más de 500 idiomas y lenguas. Su importancia radica en la proclamación de los derechos como inalienables e inherentes a todas las personas, sin discriminar por raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, propiedades, lugar de nacimiento, u otra condición.

La Convención contra la Corrupción, por su parte, plasma en un documento internacional consensuado entre representantes de los países, conceptos homologados de lo que como sociedades comprendemos por corrupción. Ambas temáticas son vitales para el desarrollo de los países con armonía, paz y seguridad.

Pero cómo impactan en nuestra vida diaria cuestiones como la corrupción o el reconocimiento y respeto de los derechos humanos?

Los derechos humanos son una enunciación en construcción, es decir que si bien se han reconocido algunos de ellos como parte del llamado derecho natural (derechos universales anteriores a toda norma escrita e inherentes a las personas por el sólo hechos de ser humanos), a medida que el tiempo pasa, se van reconociendo nuevos derechos que tal vez anteriormente no eran vistos de la misma manera, por ejemplo el cambio de paradigma en relación a los derechos de los niños y niñas que anteriormente eran mirados como “objetos” de sus entornos familiares y hoy día son reconocidos como “sujetos” de derechos. El reconocimiento explícito de los derechos de las mujeres en numerosos instrumentos internacionales, ha abierto a las mismas la posibilidad de sufragar, de elegir con quien y cuando casarse, tener o no hijos y en qué cantidad, trabajar, heredar, ser propietaria, entre tantos otros derechos que hasta unas pocas décadas atrás, no le eran propios sino que dependían de terceros, ya sea el marido, el padre u otro hombre de su núcleo familiar o social.

La corrupción por su parte, puede ser mirada desde los aspectos político, económico y simbólico. La mirada económica puede mostrar el impacto cuantitativo que generan la evasión y el fraude en el pago de impuestos, el sobrecosto en las licitaciones públicas, el contrabando y comercio ilegal, entre otros. La dimensión simbólica incide culturalmente en la reproducción de saberes, prácticas y conocimientos, generando que ciertos casos de corrupción produzcan un impacto mayor en el imaginario de las personas por el tipo de temas en los que inciden (por ejemplo puede tener mayor repercusión un caso de corrupción vinculado a la merienda escolar que a colocación de bonos soberanos).

El Índice de Competitividad Global de 2017 del Foro Económico Mundial menciona entre los factores más problemáticos para hacer negocios en Paraguay, en primer lugar a la corrupción seguida de lejos por otros como la inadecuada formación de la fuerza de trabajo, la burocracia ineficiente, infraestructura inadecuada, el acceso a financiación. En cuanto a la visión general de rendimiento, se menciona como el primer pilar requerido para la competitividad, a las instituciones sólidas; estando Paraguay ranqueado en este sentido en el puesto 131 de 137 países medidos.

Las mediciones internacionales realizadas en materia de percepción del impacto de la corrupción, muestran que los países con menor índice de corrupción son más prósperos, con un PBI ampliamente mayor. Entre los países que combinan bajos niveles de corrupción con alto PBI se encuentran Luxemburgo, Suiza, Noruega, Dinamarca, Nueva Zelanda; y entre los que poseen altos niveles de corrupción y menor PIB per cápita, compartimos espacio con Venezuela, Somalía e inclusive (si bien se encuentran mejor posicionados que nuestro país), Argentina y Brasil.

Hoy día y gracias a la enunciación de los derechos humanos, están reconocidos el derecho de hombres y mujeres a la vida, a la salud, al trabajo, a la libre circulación, a llevar una vida libre de violencia y discriminación, pero su libre ejercicio se apoya en gran parte en la existencia de instituciones sólidas que los garanticen y promuevan.

Como sociedad es nuestra responsabilidad exigir al Estado la garantía de esos derechos para todas las personas, combatiendo y erradicando las prácticas de corrupción para que el ejercicio de derechos no se vea perjudicado.

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