Messer, la punta de un iceberg

El caso del empresario brasileño desnudó toda la fragilidad de los mecanismos de prevención de lavado de activos del sistema financiero.

Por Samuel Acosta
@acostasamu
PERIODISTA

En 2003 a todo el sistema financiero se requirió -en carácter de urgente- infor­mación sobre las operaciones que realizaba Darío Messer; pero aun así, el empresario brasileño logró abrir cuentas bancarias y hasta hacer negocios en el mercado bursátil.

Los primeros Reportes de Operaciones Sospechosas llegan a la Secretaría de Prevención de Lavado de Dinero una década después en 2015 vía BNF y al año siguiente vía banco Continental. Otro dato llamativo, la propia Casa de Bolsa con la que Messer hasta compró bonos del Tesoro Público ad­mitió que conocía su perfil negativo en Brasil.

El caso Messer salta a la luz recién en marzo de este año cuando la prensa revela que desde el Brasil salió una alerta y, en el mes de abril, Seprelad entrega un informe al Ministerio Público que según la actual ministra de esta secretaría, fue parcialmente adulterado. Además, el reporte completo sobre las operaciones de Messer, según contó Raquel Cuevas exfuncionaria de Seprelad, estuvo listo ya desde junio de 2017.

¿Qué información recibió la banca matriz sobre Messer en 2003 cuando requirió informes al sistema? ¿Por qué la casa de bolsa aún con perfil negativo dejó que haga negocios? ¿Por qué Seprelad envía al Ministerio Público el informe terminado casi un año después de tenerlo listo? Son algunas preguntas que esperan respuesta.

Anualmente el sistema bancario reporta en promedio entre 5.000 a 7.000 opera­ciones sospechosas, si tan solo el 10% fueran casos reales, estamos hablando de 500 a 700 personas que introducen dinero de forma ilegal al sistema.

El caso Messer es grave, pero aún más grave es como quedó al desnudo la fragilidad del sistema de prevención. No en balde en el reporte internacional de Basilea el Paraguay aparece este año entre los 20 países de mayor riesgo de lavado de activos del mundo. El caso del cambista brasileño es, apenas, la punta de un iceberg.

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