¿Podemos trabajar tranquilos?

Las reiteradas manifestaciones que se realizan en capital, generan caos y atrasan la actividad laboral.

HÉCTOR SOSA GENNARO
SOCIO
Club de Ejecutivos

En una sociedad política y legalmente organizada como la nuestra, existen los canales para reclamar las situaciones ilegítimas, sin avasallar los derechos de terceros.

El antiguo principio de que los derechos de uno terminan allí donde empiezan los derechos del otro está vigente y debe ser respetado.

Se invocan normalmente artículos constitucionales para justificar las protestas, paros, cierres de calles y rutas, etc., pero se olvidan los que se valen de estos argumentos que la Constitución también garantiza el libre tránsito de todos los ciudadanos por todas las rutas de la república, y que igualmente esos derechos deben ser garantizados.

El punto es que hay cuestiones que sí pueden afectar a un grupo de personas, pero no a otras.

Esta situación se puede apreciar en las inconstitucionalidades promovidas ante la Corte Suprema de Justicia, en las que se declara la ilegalidad de una ley para una persona o grupos de personas, por la situación especial en que se encuentran, pero no afecta a las que no se hallan comprendidas en dichas causales, pues no tienen efecto “erga omnes”.

Tenemos que dejar de ser influenciados por ideologías foráneas, que tienden a desestabilizar el orden establecido creando caos entre los ciudadanos, y por tanto una situación de descontento que predispone a la gente a protestar contra todo, creando un estado de zozobra que no lleva a nada positivo.

No olvidemos que las grandes naciones se crearon con la unión de sus pueblos y el sacrificio y el trabajo tesonero de sus ciudadanos.

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