REVALORIZANDO LOS DATOS MACRO

Con frecuencia escuchamos relativizar el valor de los datos macroeconómicos como si fueran un asunto fuera del alcance del ciudadano común.

Para ponernos en contexto, la bandeja de indicadores que entran en esa categoría está compuesta por el índice de inflación, tasas de interés, tendencia del producto interno bruto, valor del guaraní frente al dólar, reservas monetarias, cuentas fiscales, índice de desempleo entre otros.

A algunos analistas les gusta jugar con las palabras diciendo que la “macro” está bien pero la “micro” está muy mal, una forma elíptica de decirle al ciudadano que mientras el Gobierno se regocija en sus buenos “indicadores macro”, el trabajador apenas llega a fin de mes. Como si una cosa no tuviera nada que ver con la otra. Pues bien, si eso es lo que se cree, por qué no nos preguntamos cómo le está yendo a Argentina.

Algunos dicen que durante el gobierno que precedió al actual, la economía gozaba de estabilidad y la gente vivía mejor, pero que cuando Macri metió la mano, todo se fue al demonio. La inflación saltó del 11 al 45% anual, el peso se derrumbó de 9 por dólar a los 39 actuales, el PIB acumula una caída del 2 por ciento y las tasas de interés saltaron al 70%. Hay servicios que aumentaron hasta un 400% y el IPC general roza el 69% de aumento en los últimos dos años.

Todos indicadores macro que se salieron de madre y que repercuten en un aumento de la pobreza y una caída en la calidad de vida argentina, con énfasis en la clase media. De vuelta al Paraguay, esos mismos indicadores aquí reflejan estabilidad y previsibilidad. No estamos libres de problemas ni de inequidades, pero sí lejos de los frenéticos ajustes que padece nuestro vecino sureño. Ojo, entonces, con la macroeconomía. Nada ganamos devaluando su significado.

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