Brasil, el vecino incómodo

La administración Bolsonaro, así como Itamaraty, no dudarán un segundo en sacarnos ventaja o presionarnos de alguna forma para defender sus intereses económicos y geopolíticos. Y es lo que corresponde.

Por Juan Torres
@jualtorres
PERIODISTA

Algo que siempre me llamó la atención es ese amor desatado que muchos compatriotas sienten por Brasil, teniendo razones para sentir lo contrario, algo que tampoco sería muy racional o sensato.

Entre países no importan los afectos o cualquier sensación de rechazo, lo que importan son los intereses. Hablamos de geopolítica de alto nivel y a largo plazo. Es la crudeza de un mundo global y competitivo; no somos vecinos en un barrio.
La administración Bolsonaro, así como Itamaraty, no dudarán un segundo en sacarnos ventaja o presionarnos de alguna forma para defender sus intereses económicos y geopolíticos. Y es lo que corresponde. Nosotros deberíamos estar dispuestos a hacer lo mismo para defender a nuestro territorio, nuestras empresas y nuestros ciudadanos.
Vivimos en un “vecindario” complicado, con economías inestables o de bajo crecimiento y una crisis del sistema de partidos políticos debido a la corrupción y el crimen, lo cual derivó en el surgimiento de neo-caudillos nacionalpopulistas de izquierda y derecha que mantienen a América Latina en un estado de periferia que no se recuerda desde la década perdida de los ’80.
Desde la renegociación de Itaipú, pasando por el avance cultural y territorial brasileño en algunas áreas del país, así como la deforestación criminal causada por ciudadanos de ambos países; en los próximos años nos jugamos la posibilidad de dar un salto al desarrollo o hundirnos para siempre en la oscura siesta eterna del atraso y la triste etiqueta del “país más pobre de Sudamérica”.
Nuestra oportunidad de oro es diferenciarnos. Ante liderazgos mesiánicos en la región, que nunca terminan bien, tratemos de crear aquí más República.
Nunca podremos pararnos ante ellos usando la fuerza, pero sí con la autoridad de una democracia robusta, una economía sólida así como una población libre y educada. A eso debemos apuntar.
Hoy, ellos son un país grande. Nosotros podemos llegar a ser un gran país, que es lo importante.
Tratemos de convencer a Brasil de que nuestro éxito es indispensable para que deje de ser el vecino incómodo y se convierta en nuestro aliado indispensable.

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