Cuidado con tropezar con la misma piedra

La hecatombe que arrancó en 1995 tuvo al país en zozobra por 10 años y se llevó consigo una gran cantidad de entidades y activos financieros.

Algo hemos aprendido de nuestros errores del pasado. Hemos reem­plazado dictadura por democracia, censura intolerante por libertad de prensa e intervencionismo estatal por una econo­mía de mercado libre.

Hemos avanzado mucho pero aún nos queda tam­bién mucho por aprender. Uno de esos aprendizajes, tal vez el más duro, es tener presente que si insistiéramos en olvidar el pasado, lo más probable es que éste nos espere a la vuelta de la esquina para hacernos tropezar dos veces con la misma piedra.

La gran hecatombe que arrancó en 1995 y tuvo al país en zozobra por casi una década se llevó consigo una enorme cantidad de entidades y activos financieros. De 40 bancos que operaban por entonces sólo quedaron 14; 26 quebraron, fueron liquidados o debieron fusionarse. De 88 finan­cieras, 64 desaparecieron. La crisis alcanzó tam­bién a las sociedades de ahorro y préstamo, a las mutuales privadas de seguro jubilatorio y a un grupo indeterminado de casas de cambio.

A todo ello hay que sumar las cooperativas sacudidas por la crisis y las estafas piramidales (esquema de Ponzi) que infectan el mundo financiero para­guayo desde los años ’80 hasta hoy. Cálculos mo­derados estiman que esta crisis licuó activos equi­valentes al 10% del PIB de esos días, unos US$ 4.500 millones de dólares de hoy.

¿Se entiende por qué insis­tir en olvidar el pasado es ponernos al borde de repe­tirlo? Si seguimos mirando para otro lado, ese pasado negro puede alcanzarnos.

Hace falta tomar en serio la actualización de la legislación antilavado así como la creación por ley del Consejo Asesor del Sistema Nacional de Jubilaciones y Pensiones con su correspondiente superintendencia. Si no lo hacemos, seguiremos sien­do una sociedad adoles­cente, incapaz de afrontar seriamente futuras crisis.

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