La ilegalidad hecha cultura

La necesidad particular por encima del bien común sigue siendo la norma en nuestro país.

Quaerere verum
Por Jhojhanni Fiorini
@jhojhanni
PERIODISTA

En Paraguay a menudo nos encontramos con hechos tan cotidianos como tan atroces, que forman parte del paisaje local, nos es difícil distinguir que algo de lo cual estamos tan acostumbrados sea algo “malo”. Este es el caso de, por ejemplo, los limpiavidrios, esos individuos que se apuestan en los semáforos y te limpian el vidrio a cambio de algunas monedas.

Se trata de un trabajo que requiere su grado de esfuerzo y aguante físico, sobre todo en el verano paraguayo, sin duda. Esto también ocurre con los cuidacoches, otro de los rubros ilegales que fue cobrando cada vez más cotidianeidad en nuestro día a día, más aún para aquellos que trabajan en el microcentro capitalino. Estos últimos hacen un menor esfuerzo, pero también el trabajo requiere cierta astucia y capacidad de relacionamiento con los clientes y colegas. Igualmente pasa ahora con aquellos vendedores que se apostaron bajo uno de los viaductos de Mariano R. Alonso, que está antes de la entrada a Limpio por la Ruta 3.

Estos comerciantes migraron de las veredas al paso a desnivel apenas este fue inaugurado por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC). Ya pasó más de un año desde su ilegal ocupación, y hay que admitir que la Patrulla Caminera ha intentado sacarlos de allí en reiteradas ocasiones. Se han colocado carteles que indican la prohibición de ocupar el paso peatonal, de no estacionar en doble fila, se han puesto barreras de contención e incluso se ha alambrado parte del paso peatonal balo el viaducto.

Hay que confesar que el esfuerzo no ha sido suficiente y por consiguiente no ha rendido sus frutos. Solo queda el uso de la fuerza pública. La cultura de la ilegalidad y de la necesidad particular por encima del bien común sigue siendo la norma en nuestro país. Nadie está en contra del trabajo digno y honesto, pero nadie está exento de respetar las leyes en un estado de derecho. La ilegalidad no debe ser cultura.

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