La revolución que no llegó

 

 

Por Enrique Cosp

@enrique_Cosp

 

 

Un huracán revolucionario sacudió al mundo hace más de 200 años, fue el soplo de las revoluciones liberales, inspiradas en las ideas de la Ilustración. Paraguay experimentó esto a comienzos del siglo XIX de la mano de algunos próceres de nuestra independencia y en las obras de la Junta Superior Gubernativa presidida por Yegros (1811-1813).

Se abolió la Inquisición, se prohibió la tortura, se rechazó la idea de que los reyes tenían un derecho a gobernar concedido por Dios, se resaltó la importancia de la educación, y un largo e interesante etcétera. Pero aquí la revolución liberal quedó inconclusa. Un gran reclamo liberal fue la inequidad tributaria. En el Paraguay del siglo XXI, un sojero paga 5% de IVA, mientras que un informático paga el doble.

El liberalismo hizo esfuerzos para limitar el poder terrenal de la Iglesia y separarla del Estado. En Paraguay, siglos después, los municipios construyen monumentos religiosos, hay simbología católica en edificios públicos, el Estado construye templos, paga salarios a capellanes del ejército y la policía, y la UNA construyó una capilla en su campus.

La presunción de inocencia y el derecho a la defensa fueron reivindicadas por pensadores que vivieron en tiempos en los que no había focos y el principal transporte era el lomo de un caballo. En un Paraguay que produce luz artificial con la fuerza de sus ríos y en el que es posible viajar sobre una silla en las nubes (avión), la mayoría de los presos no tiene condena judicial.

La educación primaria fue declarada obligatoria en 1813, hoy todavía una multitud de paraguayos no termina la primaria.

Nos queda un largo camino que recorrer, un primer paso ineludible es dar satisfacción a las aspiraciones revolucionarias de los viejos liberales, refinando sus ideas con lo aprendido en 2 siglos, y sin cortar cabezas en la guillotina.

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