Lago azul, lago verde, todo sigue igual

Hubo un tiempo, no hace más de dos o tres años, que la vida parecía extin­guirse en los alrededores del Lago Ypacaraí, tanta era la sobrecarga de titu­lares catastróficos sobre aquel espejo de agua que por entonces lucía un es­pléndido color verde casi fosforescente producto de la superpoblación de las canallescas ciano­bacterias.

“Alerta en el lago por sedimentos y cianobacterias” decía un encabezado; “Analizan en Brasil aguas del lago Ypacaraí” espetaba otro. Por algunos momentos, el país parecía pendiente de la suerte del lago que en vano la canción insiste en calificar de azul, calidad que ha perdido hace tiempo.

Lo curioso es que mien­tras hoy maldecimos a las cianobacterias, la verdad es que respiramos gracias a ellas. Según es­tudios científicos, estos microorganismos fueron los responsables, 2.700 millones de años atrás, de generar el oxígeno que sustenta la vida. Pero esa es otra historia. ¿Quién tiene la culpa del color verde con el que, cada vez con más fre­cuencia, se tiñe el lago? ¿Las cianobacterias o el hombre? Veamos lo que decía hace tres años el Ministerio de Salud Pú­blica. ¿Se ha asegurado la protección y recupera­ción de humedales que actúan como sistemas depuradores? No, todo sigue igual o peor.

¿Son tratados los líquidos cloa­cales e industriales antes de verterlos en ríos y arroyos? Mejor ni hablar de eso. ¿Se regula y vigila las fuentes aportantes de nitrógeno y fósforo, especialmente los fertili­zantes y pesticidas? No. Y en cuanto al control y manejo adecuado de los residuos sólidos urbanos e industriales, si no es una batalla perdida, está muy cerca de serlo. Pero como por ahora el lago parece limpito, para qué preocuparse. Ya lo hare­mos cuando esté verde de nuevo y el ciclo de imprevisiones se repita.

País adolescente

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