Maduro, el penúltimo “walking dead”

Zafio, cavernícola y camorrero, caminando por el valle de las sombras…

Por Cristian Nielsen

Nicolás Maduro asume hoy su tercer periodo como presidente de Venezuela. Más de la mitad del continente y buena parte de Europa rechazan este mandato surgido de una elección con opositores pintados, sin observadores extranjeros, en medio de acusaciones de fraude masivo y con una abstención de más del 50% con relación a los comicios anteriores (2013) que Maduro ganó por margen mínimo.

En realidad, poco importa el formalismo electoral en un país sometido a una tiranía con escasos precedentes por su barbarie. Mientras “mandó” en la Asamblea Nacional, el sucesor de Hugo Chávez se hizo dar leyes habilitantes que le permitieron gobernar por decreto-ley, un fósil del fascismo recidivo que aquí padecimos durante el estronismo con el Consejo de Estado.

Pero cuando perdió la mayoría legislativa, Maduro sancochó a la ligera la llamada Asamblea Nacional Constituyente, una escribanía montada para refrendar todas sus arbitrariedades y que acaba de proponer la disolución de la Asamblea Nacional, último refugio de la democracia en Venezuela.

Maduro ha redondeado la dictadura más zafia, cavernícola y camorrera de los últimos tiempos. En 2012, como palafrenero de Hugo Chavez, intentó amotinar a los militares paraguayos contra el Congreso en pleno juicio político a Fernando Lugo.

Un oportuno portazo de los mandos de las FF.AA. mandó al atrevido de vuelta a casa con la cola entre las patas seguido de su co­horte de cómplices en el abortado golpe, en­tre ellos el entonces canciller uruguayo Luis Almagro, quien hoy se deshace en improper­ios contra Maduro desde su curul de la OEA.

Maduro es un “walking dead” producto del pasado negro latinoamericano que, junto con los Ortega en Nicaragua y los Castro en Cuba, representa los fantasmas que debe­mos conjurar definitivamente para devolver­los a la tumba de la que nunca debieron salir.

También podría gustarte