Más compromiso en la lucha antilavado

La sociedad actual enfrenta peligros dema­siado graves como para permitirnos el lujo de ignorarlos. Presentarles batalla requiere lide­razgo y compromiso.

La corrupción sistémi­ca, el contrabando, la falsificación, el tráfico de armas y drogas, la trata de personas y la evasión fiscal alimentan una caudalosa corriente de lavado de activos y su letal derivación, el terrorismo. Este abanico de tóxicos componentes inficiona la economía, amenaza al Estado en su consistencia e instala la impunidad como un antivalor transversal que todo lo degrada.

A escala mundial, según un estudio de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Cri­men organizado (UNO­DOC), la penetración de este delito involucra entre el 2 y el 5% del producto interno bruto mundial, una cifra monstruosa­mente grande. Aplicando ese indicador al Paraguay, estamos hablando de operaciones financieras negras por US$ 1.300 millones lo cual permite dimensionar la importan­cia que asumen los orga­nismos y procedimientos de prevención y combate del lavado de activos.

Este año, el Grupo de Ac­ción Financiera Interna­cional (GAFI) se instalará en el Paraguay para cote­jar el grado de aplicación de las 40 recomendacio­nes para frenar este delito.

Nos pillará con la guardia baja.

El Congreso aún no trató el paquete de leyes anti lava­do y pesa sobre nosotros el demoledor informe del De­partamento de Estado de EE.UU. que desnuda todas las debilidades, inconsis­tencias y descoordinacio­nes de los organismos de aplicación de la dispersa legislación existente.

La economía paraguaya tiene demasiados indi­cadores positivos como para arriesgarlos con una descosida y fantasmal lucha contra la corrupción y el lavado de activos.

Hace falta más compromi­so y decisión del Gobierno, que debe ponerse al frente en esta cruzada contra uno de los delitos más letales y disolventes de la época.

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