Metas realizables para el 2019

Stephanie Hoeckle
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DIRECTORA OUIOUI

Ya estamos en 2019 y todo a nuestro alrededor está lleno de frases sobre nuevos comienzos, renovación y cambio. Es el momento de plasmar nuestras aspiraciones y los objetivos que queremos lograr en el transcurso del 2019. Siempre hay algo que queremos lograr. Sin embargo, como dice el refrán: “Del dicho al hecho, hay un largo trecho”, pues muchas de estas intenciones se van diluyendo al transcurrir el tiempo hasta que quedan solo en las palabras. Muy frecuentemente solemos ver que nuestros planes iniciales no llegan a fin de año… a veces ni siquiera pasan de enero.

¿En qué fallamos cuando formulamos nuestras resoluciones? Según coinciden varios coaches, tres de los principales motivos por los cuales no alcanzamos nuestras propias metas son: la vaguedad o imprecisión al formular las metas, la falta de un plan para alcanzarlas y el abandono de los propios objetivos para ayudar a otros a perseguir los suyos.

Me han enseñado —y siempre lo recomiendo— que es necesario sentarse a escribir las metas y los objetivos, y pulirlos hasta que realmente reflejen lo que pensamos y nos convenzan. Al hacerlo, sería bueno observar las siguientes recomendaciones:

Objetivos simples
Muchas veces anotamos en nuestras agendas largas listas de cosas que queremos lograr y con solo mirarlas ya nos desanimamos y no nos sentimos capaces de lograr ninguna de ellas. Por eso, es importante mantener objetivos simples. Por ejemplo, si una meta es renovar el hogar, se recomienda descomponerla en pequeños objetivos realizables como: reubicar los muebles, vaciar los cajones, reparar lo que está descompuesto, etcétera. Así las veremos como algo alcanzable y eso nos alentará a seguir con las demás.

Reducir el consumo de comida chatarra o gastar menos dinero son metas que usualmente uno se fija, ya que estamos siempre en busca de hábitos más saludables y un mejor estilo de vida. Sin embargo, plantearnos objetivos enunciados de una forma negativa o privativa puede tener un efecto opuesto y terminar jugándonos en contra. Es mejor expresarlos de una manera afirmativa o positiva, buscarles la vuelta, ya que para nuestra mente es más fácil hacer cosas que dejar de hacerlas (por eso nos cuesta tanto deshacernos de los malos hábitos). Si la idea es reducir el consumo de comida chatarra, por citar algo, podemos plantearnos, en cambio, agregar más verduras y frutas a nuestros platos; si buscamos ahorrar un poco más, podemos proponernos depositar un monto determinado mensualmente en una cuenta de ahorro.

Retos tangibles y relevantes
Además de cómo formulamos nuestras metas, es clave plantearnos qué desafíos nos proponemos superar este año. Las metas ambiciosas suenan emocionantes, pero pueden traernos mucha frustración. Lo ideal es que sean retos tangibles y realistas: no podemos decir que en un año terminaremos de leer cinco libros si nunca hemos leído uno, o que vamos a correr una maratón de 10K si no tenemos el hábito de, aunque sea, hacer ejercicio de forma regular. Cada año es una oportunidad de ir mejorando y progresando, lo mejor es ser sinceras y admitir que existen objetivos que quizás nos tomen más tiempo, para no terminar sintiéndonos mal o culpables por no cumplir lo que nos propusimos.

Otra cuestión importante es que cada objetivo a perseguir sea relevante para nosotras. La meta que nos fijemos tiene que ser algo que realmente queramos, no una cosa impuesta o que nazca desde la culpa o el remordimiento. Nuestras resoluciones tienen que hacernos sentir bien y motivarnos. Cuando las formulamos movidas por presiones externas, hacemos lo opuesto. Antes de establecer una meta, mejor hacerse de un tiempo de introspección para saber si lo que nos planteamos es algo que verdaderamente anhelamos.

Evaluar progresos
La ventaja de tener objetivos simples y tangibles es que podemos establecer parámetros que nos permitan evaluar el progreso que hemos hecho. Si hablamos de perder kilos, es fácil hacer el seguimiento pesándonos regularmente. Ante otro tipo de metas, es aconsejable llevar un diario de nuestros avances, pues nos permitirá apreciar el camino ya recorrido y sentirnos motivadas por lo que ya logramos. Podemos llevar un diario tradicional, de papel, o usar una aplicación en el teléfono, como Day One, Journey o GoalTracker. No hace falta que escribamos todo lo que nos pasó en el día, pero verter nuestras dificultades o logros, incluso nuestras preocupaciones será útil no solo para mantenernos concentradas en la meta fijada, sino también para aliviar tensiones.

Si ya tenías escritas tus metas para el nuevo año, ahora podés volver a analizarlas y, si es necesario, modificarlas. Utilizá las vacaciones como una tregua. Si no tenías resoluciones establecidas, te aliento a iniciar el año fijándote algunas, pues te permitirán sacarle partido al máximo al año que inicia.

Teniendo estas sugerencias en mente lograremos alcanzar lo que nos propongamos para poder dar un paso más hacia la persona que queremos ser. Ya me estoy imaginando lo bien que se sentirá llegar a diciembre, mirar atrás y poder decir:“¡Misión cumplida!”.

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