Queriendo olvidar el pasado

Entes de control deben tomar cartas en el asunto

Banco Amambay, demandó al Diario 5dias, manifestando que nuestras publicaciones hacen mella en su reputación. Una reputación de la que quieren escapar a toda costa ya que ellos mismos y, gastando una gran cantidad de dinero, han decidido en los últimos meses cambiar el nombre y la marca del Banco Amambay por el de BASA, intentado así dejar atrás años de historia, especialmente relacionada al crimen fronterizo, operaciones irregulares de cambios, juicios en el Brasil por lavado de dinero, evasión de divisas y un sin fin de anormalidades. ¿Quién cambia el nombre de su empresa, o de su marca, si es que realmente tiene buena reputación y es respetado por los clientes y la sociedad?, generalmente nadie. Los accionistas de Amambay o BASA siguen siendo los mismos, por lo cual no podríamos decir que unos nuevos socios querían reorientar la imagen. Este cambio normalmente en busca olvidar el pasado.

Este banco, fundado originalmente como Cambios Amambay por Darío Messer, y luego transformado a banco con Telmo Cartes como accionista mayoritario que en su momento no era conocido por su solvencia económica. Esta situación se compara con la vivida con la Financiera ARA en los últimos años, donde Sosa Palmerola, cambia el nombre a su casa de cambios, la transforma en financiera y coloca a su madre, como principal accionista de la entidad, sin que ella sepa muy bien de que se trataba todo eso y, lógicamente sin ningún tipo de preparación ni experiencia financiera, como tampoco la tenía el señor Telmo, que si aparentemente era muy entendido en temas de aviones.

Sosa Palmerola al igual que Horacio Cartes, hacía oficina dentro de la entidad financiera, tomaba las decisiones, cerraba los negocios, daba instrucciones, pero no tenía ningún cargo de responsabilidad en la financiera e inclusive Carlos Fernández Valdovinos, en la conferencia de prensa donde comunicaban la intervención de ARA admitió no conocer la existencia de Sosa Palmerola.

En el Congreso Nacional, Santiago Peña, exdirector del Banco Central, exministro de Hacienda, mencionó que Horacio Cartes no es nada del Banco Amambay. Esto parece un dejavu, Sosa Palmerola y Cartes, solo hacían oficina en estas entidades porque alquilan unos metros cuadrados.

Estos artilugios, donde nombran accionistas a sus padres porque ellos ya no tienen la reputación para serlos y un Banco Central complaciente, es que lo desprestigia la imagen del Paraguay a nivel mundial. Es un cuento que quizás sea legal localmente, pero afuera ningún banco serio se anima a operar con este tipo de entidades financieras, por eso tienen un rosario de cuentas cerradas en el exterior. Los orígenes que Cartes y el Banco Amambay quieren olvidar con el cambio de nombre, al igual que Sosa Palmerola cuando transformó su casa de cambio a ARA, tienen que ver con los juicios que ambos colegas soportaron en el Brasil y todo tipo de trapisondas cambiarias.

Eduardo Campos y Luis Alder, colegas y cuñados, manejaron las operaciones de Amambay y
ARA donde eran respectivamente gerentes, utilizados por sus jefes, para crear la red de cambios que permitan mover gran cantidad de reales en efectivo. El Banco Central no vio nada en ARA y ahora no ve nada en Amambay, así que no queda otra alternativa que la prensa, a quien ellos quieren callar, sea la que denuncie estas irregularidades.

Ahora nos dicen que Sarah Cartes es la accionista principal del banco, cuando hace apenas unos años atrás volvió de Estados Unidos luego de sucesivos fracasos comerciales y sin experiencia en negocios financieros; es todo muy llamativo y suena más a prestanombre que a otra cosa. No es de público conocimiento su capacidad como empresaria ni proyectos de alta generación de fondos.

Con todos estos antecedentes de público conocimiento, donde Cartes y Sosa Palmerola, Campo y Alder, Amambay y ARA tienen unas vidas similares, es muy difícil que una publicación periodística los manche.
Es momento de que las autoridades, la Justicia, la Comisión Bicameral de Investigación del Congreso, el Banco Central del Paraguay y la Secretaría de Prevención Contra Lavado de Dinero tomen cartas en el asunto, y no esperen que autoridades extranjeras hagan el trabajo por ellos.

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