Una agenda cargada de desafíos

Dependerá del staff gubernamental aprovechar este medioambiente positivo para impulsar un crecimiento con mayor equidad.

 

Pasada la resaca del 1 de enero, el Gobierno abre su agenda del año con un combo de componentes muy variados. A su favor tiene indicadores positivos.

Un dólar estable, reservas internacionales sólidas, inflación menor a la calculada por el BCP, un déficit que no llegó al tope fijado por la ley de responsabilidad fiscal y el PIB expandiéndose según lo previsto, 4%.

Todo esto le otorga a la administración de MAB un piso firme, dependiendo de su staff aprovecharlo para im­pulsar un crecimiento con mayor equidad.

Uno de los ejes centrales de gestión descansa en la infraestructura.

Para sufragar su costo, el Estado tiene tres opciones.

Por un lado, inver­tir recursos propios presupuestarios.

Pero los ingresos genuinos basados en impuestos siguen padeciendo limitaciones e inequida­des que ningún gobierno ha sabido –o querido-resolver hasta hoy.

El IVA sigue siendo la mitad de la torta tributaria mientras el impuesto a la renta personal –que este año baja su mínimo no im­ponible- pone al alcance del tributo a aportantes con ingresos a partir de Gs.6 millones con deduc­ciones limitadas, mientras grandes productores pue­den escapar deduciendo gastos hasta en un 100%. Veremos si esta vez Ha­cienda se anima a subsa­nar tal injusticia tributaria.

En cuanto a las dos opciones restantes, ya hemos visto naufragar, uno tras otro, casi todos los intentos de alianza público privada mientras la financiación con emi­sión de deuda -aún con un riesgo país de moderado a bajo- sigue siendo el camino más caro.

Otra gran faena que le espera al Gobierno es completar la legislación anti lavado de activos, una batalla que reque­rirá muñeca política.

Si no la gana, seguiremos siendo una economía sin chance para dar el anhelado paso hacia el grado de inversión.

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