Una lanza por la democracia en Venezuela

Cortar todo vínculo con el régimen de Nicolás Maduro es el paso más recomendable en un momento clave para la estabilidad democrática del continente.

El Gobierno ha tomado la decisión correcta. Cortar todo vínculo con el régimen de Nicolás Maduro es el paso más recomendable en un momento clave para la estabilidad democrá­tica del continente.

El Paraguay no podía se­guir indiferente al calva­rio que padece el pueblo venezolano, víctima de una cadena de arbitrarie­dades que ha sumido a la nación de Andrés Bello y de Rómulo Gallegos en el caos, forzando a millo­nes a emprender el exilio y condenando al país a la anomia y la tiranía.

Ha silenciado medios de comunicación, encarcelado a políticos no oficialistas y copado los poderes judicial y electoral sujetándolos a su plan totalitario.

Como el Poder Legisla­tivo electo en 2015 tenía mayoría opositora, el tirano de Miraflores or­ganizó a tambor batiente una Asamblea Nacional Constituyente que puso al país en estado asambleario permanente con el único propósito de hacerle refrendar todas sus arbitrarieda­des, sustituyendo las legítimas decisiones de la Asamblea Nacional.

Sería imposible imaginar peor caos institucional.

Doblando la apuesta, el sucesor de Chávez ha armado milicias popu­lares, los tenebrosos “colectivos” que siem­bran el terror y sirven de proveedores al no menos macabro Sebin, la policía política del régimen.

Y como guinda de esta torta tóxica, Maduro ha iniciado un peligroso escarceo con la Rusia de Putin, hospedando sus bombarderos nucleares en una suerte de gris remake de la crisis de los misiles de Cuba en 1962, cuando Fidel Castro hizo el triste papel de sirvien­te abyecto del entonces amo del Kremlin sovié­tico, Nikita Kruschev.

Excelente movida del Palacio de López.

Ningún compromiso con la democracia tiene beneficio de inventario. Ahora, a esperar que Maduro sea historia y Ve­nezuela respire de nuevo los aires de la libertad.

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