Venezuela entre el caos y la incertidumbre

Resulta muy difícil escribir sobre Venezuela, dada la velocidad con que se producen los hechos en un país en estado de anomia, ese conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación (RAE) y con escasa o nula vigencia del estado de derecho.

Hoy la patria de Andrés Bello es un país con dos presidentes. Uno, electo en comicios tachados de fraudulentos por 65 países de América y Europa y otro autoproclamado que empieza a acumular reconocimiento de los mismos países que desconocen a Maduro. Desde 2013, el “delfín de Chavez” no ha dejado arbitrariedad sin cometer. Mientras tuvo la Asamblea Nacional (el legislativo unicameral) de su parte, su método favorito fue hacerse otorgar las denominadas leyes habilitantes que le permiten gobernar por decreto-ley puenteando al Legislativo. Con esta herramienta intervino comercios, fijó precios y mandó a apresar opositores sin orden judicial atropellando todas las garantías constitucionales.

Redujo en un 11% el personal policial en uno de los países más violentos del continente (84,1 homicidios cada 100.000 habitantes) y a la vez aumentó 151% las milicias llevándolas de 195.000 efectivos en 2014 a 490.000 en 2017, con una incógnita añadida: en 2013 Chávez le dejó un gasto en defensa del 4,8% del PIB, que Maduro fue reduciendo hasta el 1,5%. ¿Menos plata y más militares? La ecuación no cierra.

 

Tanto que muchos analistas creen que el fin del inestable gobierno de Maduro se produciría mediante un motín al interior del mundo militar “bolivariano”. No por nada el “encargado” Guaidó ofrece amnistía y mejoras económicas a los militares que se alcen contra el “narcogobierno” de Miraflores. Peor coctel político, económico y social sería inimaginable. Pero en Venezuela, hoy, eso es posible.

 

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