Due diligence: Reducir el precio de la sorpresa

Las negociaciones para resolver una inversión, una asociación o una adquisición suelen iniciar con incertidumbres e información asimétrica.

Comentario Ferrere
Por Juan Da Silva
ABOGADO
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¿En qué me estoy metiendo? Debemos saber con quién nos involucramos. Y cómo. Y cuándo. Antes de entrar en un negocio, de formalizar un acuerdo estratégico, de insertarnos en un empren­dimiento, nos esforzamos por hacer una elección informada. No será cualquiera la compañía ideal o adecuada para encarar conjuntamente un proyecto empresarial.

Para conocer más, revisamos el pasado re­ciente, examinamos el presente y analiza­mos las probabilidades; y aunque prever lo inesperado es una tarea incompleta por definición, siempre resulta muy útil.

El proceso de debida diligencia, de­nominado habitualmente en inglés, due diligence, es una evaluación crí­tica realizada con rigor metodológico. Ese proceso de revisión, a veces visto como una mera formalidad, es una gran protección para evitar sorpresas, preocupaciones innecesarias y, sobre todo, gastos imprevistos.

El due diligence prevé una evaluación previa y un reporte detallado. Las nego­ciaciones para resolver una inversión, una asociación o una adquisición suelen iniciar con incertidumbres e información asimétrica: Entonces, hacer las preguntas correctas y obtener datos relevantes des­pejarán las dudas más inquietantes. Como cosecha, un apropiado estudio describe a la otra parte, corrige las cotizaciones y es­tablece límites en el documento final de la operación. Por tanto, esta inversión suma valor y ahorra problemas a ambas partes. Así, aligeramos los futuros sinsabores y las partes se dedican a lo suyo: cumplir sus obligaciones y recibir lo esperado.

¿PUEDO APOSTAR EN VOS?
¿Hasta dónde sabemos si la otra parte cumplirá sus obligaciones o si nuestra pro­puesta es razonable? La debida diligencia mitiga malas intenciones y potencia bue­nas negociaciones, revisando los puntos fuertes y débiles de la contraparte. A más respuestas a nuestras inquietudes, me­nos posibilidades de que algo salga mal. Por esto, cada vez son más requeridas. El acuerdo resultante contendrá términos balanceados – sin cargas innecesarias o requerimientos dañosos -, mientras que asegurará el cumplimiento de las partes y protegerá a las mismas.

¿QUÉ EVALUAR?
La información inicial puede ser demasia­da, implicando una búsqueda sin tesoro. Entonces, ¿revisamos todo o buscamos eficiencia? Ante esto, el interesado deter­minará el alcance de la investigación. Al final, concretar temprano la operación -con legitimidad y seguridad- suele ser una prioridad, y a la par de este ritmo, lo revisado debe aportar valor.

Por tanto, para un análisis eficiente, es vital acceder a información completa, dis­criminada y ordenada. Si está negociando una operación (o desea hacerlo), nada me­jor que catalogar la información necesaria en función al riesgo por mitigar.

A su vez, la experiencia es clave. Un buen evaluador ya ha hecho estas investigaciones antes; conoce qué y dónde buscar. Con su presencia, la investigación será más breve, evitará requerimientos innecesarios y trans­mitirá información mejor procesada al interesado. Incluso, ante hallazgos, percibirá contingencias más profun­das y dará recomendaciones comple­tas.

CONOCERSE: BENEFICIOS Y BENEFICIADOS
La simple sospecha genera preocupación y entorpece las negociaciones. No obstan­te, estas dudas pueden ser reducidas con información, producto estelar de la debida diligencia. Una vez más, se destacarán los profesionales confiables, pues ellos trata­rán directamente con la información. A su vez, utilizar de acuerdos de confidenciali­dad o NDAs (non-disclosure agreements) establece responsabilidades claras sobre la información sensible y refuerza la con­fianza.

En consecuencia, es normal que este exa­men sea un requisito para perfeccionar la operación. Si bien puede solicitarse desde una sola esquina, el beneficio será para ambas partes. No obstante, esta revisión – nada más que una radiografía jurídica, contable y financiera – permitirá conocer el desempeño de la compañía, su valor real, las amenazas legales y regulatorias, o alguna restricción (contractual o extra­contractual) para la operación en gesta­ción.

¿CÓMO REACCIONAR ANTE LOS HALLAZGOS?
Una buena investigación describe senci­llamente lo encontrado, sus riesgos y las prácticas sugeridas para mitigar dichos riesgos. Sin embargo, un obstáculo co­mún es la negativa a revelar información, por considerar que los hallazgos pueden arriesgar la operación. Tal vez podría significar mala fe, ¿pero es la única razón para no correr la cortina o es sólo un sín­toma de proteger de lo propio? ¿Es la mejor decisión?

No encasillemos a los hallazgos como deal-breakers (rompe-tratos), pero enten­damos que la predisposición y colabo­ración de la evaluada serán deal-makers (concreta-tratos). Incluso si los hallazgos no se pueden corregir, encontrarlos ya es un aporte. En efecto, se puede corregir la valuación estimada, acordar límites de se­guridad o repensar una mejor operación. Si usted recibe una consulta de un amigo, le aconsejaría ahora: “investigá, reducí riesgos, negociá claro, cumplí cabalmente y vas a recibir lo negociado en calma”, ¿o no?

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