¿EL VASO MEDIO LLENO O MEDIO VACÍO?

Los treinta años de democracia que acabamos de completar pueden ser vistos de muchas maneras. La visión pesimista insiste en lo negativo y que estas tres décadas han sido tiempo perdido para aquella máxima alfonsinista según la cual “con la democracia se come, se sana y se educa”. Algunas estadísticas parecen reforzar esta idea.

Según la consultora Latinobarómetro, el apoyo de los paraguayos a la democracia cayó del 61% en 2010 al 48% en 2018, con el agregado de que ese mismo porcentaje no vería con malos ojos un gobierno autoritario si con él se solucionaran los problemas crónicos del país. Pero las estadísticas no resuelven nada aunque sí funcionan como insumos importantes para evaluar situaciones y formular diagnósticos.

No hay duda alguna que el país de hoy es mejor que el que amaneció el 3 de febrero de 1989.  Recibimos un Estado quebrado, una sociedad atravesada por la intolerancia y una economía paupérrima apenas sostenida por los coletazos finales del “efecto Itaipú”.

De allí en adelante, los principales indicadores fueron hacia arriba. El producto interno bruto no ha cesado de crecer al punto de que de los escuálidos US$ 3.950 millones de 1988 el PIB nominal actual lo supera once veces.

Las RIM, que el día de la restauración de las libertades no superaban los US$ 338 millones, se han multiplicado por 26 contribuyendo a fortalecer el guaraní, la moneda históricamente más estable de la región. Y claro que nos falta mucho por andar.

Tenemos que acabar con la corrupción antes de que ella acabe con nosotros. También dar respuestas a la necesidad de una mejor educación con preparación para el nuevo mercado de trabajo que asoma en el horizonte. No hay otra forma de ver el vaso sino medio lleno. La autoflagelación en nada nos ayuda. Sólo crea cínicos y derrotistas.

También podría gustarte