La Cuarta Revolución Industrial ha estado recibiendo mucha prensa.

¿Pero qué significa realmente y cómo nos afectará?

Por Antonio Britez Balzarini
Luis Ayala Albertini y
Javier Vergara
Ey Global Paraguay

 

Al igual que los tres que la precedieron, la Cuarta Revolución Industrial marcará un cambio significativo en la manera en la que trabajamos.  La misma se hace posible gracias a la aparición de sistemas digitales, comunicaciones en red, machine learning y análisis de datos a gran escala; y se refiere a la integración cada vez mayor de estas tecnologías en los procesos comerciales y de producción para que sean autosuficientes y aún más eficientes.

Más allá de la revolución de la computarización e informatización de la década de 1960, este último cambio verá sistemas que combinan la conectividad web y los controles digitales con herramientas del mundo real. Los sensores integrados que recopilan y transmiten datos se volverán omnipresentes, en todo, desde hadrware para accesorios de uso diario hasta dispositivos tecnológicos con microprocesadores, permitiendo ajustes “inteligentes” que mejoran el uso e impulsan nuevas mejoras en todos los ámbitos.

La Cuarta Revolución Industrial abarca el Internet de las Cosas, pero va más allá de la simple conectividad de dispositivos para convertirse en un Internet de Todo. En el centro está la combinación de big data, análisis y tecnología física. El objetivo es proporcionar ofertas cada vez mejores y personalizadas para satisfacer las necesidades de los individuos y las organizaciones, que pueden adaptarse y evolucionar de acuerdo a los requisitos y las situaciones cambiantes a lo largo del tiempo.

Existe una gran promesa para bien en esta Cuarta Revolución Industrial basándonos en el increíble potencial para los avances en la atención médica, la posibilidad de empoderar a más personas en todo el mundo para que se conviertan en emprendedores o tengan acceso a la educación y la oportunidad de impulsar la innovación en todos los sectores, nos dan un buen indicio de esto.  Todo esto está cambiando el panorama para todas las industrias; está cambiando la forma en que trabajamos, nos relacionamos, nos comunicamos y aprendemos; y reinventando las instituciones desde la educación hasta el transporte”.

El gran volumen de datos que los nuevos sistemas conectados a la red tendrán disponibles, combinados con su capacidad de auto-mejora a través de la inteligencia artificial cada vez más sofisticada, podría cambiar fundamentalmente la forma en que opera la sociedad al desarrollar respuestas que antes se hubieran considerado impensables, a veces a problemas que ni siquiera sabíamos que existían.

Como resultado, la revolución brindará nuevas oportunidades para que las personas y las máquinas colaboren de manera global para mejorar vidas, e incluso para ayudar a deshacer el daño al mundo que las tres revoluciones anteriores dejaron a su paso.

Con la inteligencia artificial aún en sus primeras fases y el análisis de datos es aún muy dependiente de la supervisión humana, todavía estamos lejos de los sistemas verdaderamente autónomos y de optimización automática. Incluso, ésta es un área en continua evolución, sin estándares acordados en lo que respecta a formatos de datos o protocolos de codificación. Conseguir que sistemas diferentes se comuniquen de manera efectiva para impulsar la eficiencia es un aspecto que aún debe ser trabajado.

Por otro lado, la ciberseguridad en una red altamente desarrollada que combina el mundo virtual y el físico es una preocupación importante y presenta un desafío difícil. Ya hemos visto ejemplos de daños en el mundo real causados por ataques cibernéticos que se han dirigido a sistemas conectados, y es probable que esto se convierta en un problema mayor a medida que más sistemas físicos se conecten en redes.

El desafío para el gobierno, las empresas y la sociedad es encontrar nuevas formas de pensar y actuar, a medida que nuestro mundo se ve trasformado por la tecnología y la innovación.

Pero los retos no son solo tecnológicos. En el corazón de esta revolución se encuentra el libre flujo de datos. Esto genera inquietudes acerca de la privacidad, que requerirá de recomendaciones regulatorias: primero para proteger la propiedad intelectual de las empresas en un sistema global conectado en red; lo cual permitirá proteger la información personal confidencial de cada cliente y confirmar que los sistemas de optimización automática no se salgan de control.

Los temores sobre la inteligencia artificial también pueden llevar a nuevas leyes que requieren la supervisión humana para contrarrestar las preocupaciones éticas sobre la toma de decisiones “automatizadas”. Esto podría dar lugar a restricciones legales en la autonomía de los sistemas conectados para evitar que las computadoras tomen decisiones importantes, disminuyendo así el potencial de la revolución para impulsar un cambio significativo.

El paso clave para prepararnos ante estos cambios es ser consciente de que esta revolución se acerca y puede llegar más rápido de lo que pensamos. Las organizaciones deben buscar invertir en los procesos de análisis de datos e infraestructura técnica para estar completamente preparadas.

Las oportunidades que trae la Cuarta Revolución industrial ofrecen oportunidades a las organizaciones y son aquellas que se atreven, apuestan al cambio y hacen las cosas de manera distinta las que al final marcan el camino y se destacan en el mercado.

Si su organización no se está moviendo para convertirse en un negocio conectado e inteligente, debe hacerlo, de lo contrario corre el riesgo de verse superada por el surgimiento de la Cuarta Revolución Industrial.

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