La obligación de salvamento en el contrato de seguros

Guillermo Fronciani
Abogado

 

Producido el siniestro y comunicado al asegurador en los plazos convenidos, aparece una carga que debe dar cumplimiento el asegurado y se refiere a la obligación de salvamento.

El Articulo 1610 del Código Civil expresa: “… El asegurado está obligado a proveer lo necesario, en la medida de las posibi lidades, para evitar o disminuir el daño, y a observar las instrucciones del asegu rador… ”. La institución del salvamento impone al tomador o asegurado la obligación de emplear todos los medios a su alcance para disminuir las consecuencias del siniestro, siempre que los gastos no sean “inoportunos o desproporcionados” a los bienes salvados. Es decir debe haber un equilibrio entre la estimación del siniestro en ese momento y el costo que implica salvar la cosa.

La norma castiga duramente el incumplimiento de la obligación de salvamento al decir: “… Si el asegurado viola esta obli gación dolosamente o por culpa grave, el asegurador queda liberado de su obliga ción de indemnizar, en la medida que el daño habría resultado menor sin esa vio lación …” . El criterio del presente artículo se basa en la “previsión”, y en la conducta o actuación del asegurado quien es el que debe emplear los medios a su alcance para disminuir las consecuencias del siniestro y que muchas veces se encuentra amenazado por el tiempo generalmente breve puesto que la necesidad de salvamento puede resultar perentoria y urgente, sin demoras porque lo contrario generaría perjuicio irreparable para los bienes que deben ser puestos a resguardo. Y justamente, en el caso de no hacerlo, el asegurado debe demostrar que no hubo necesidad o fue imposible el cumplimiento de dicha carga. Esta obligación no solo puede darse por una acción sino también por una “omisión”, es decir cuando no se hace lo que está obligado a hacer.

Existen bienes afectados por un siniestro que pueden degradarse o deteriorarse aún más como el caso de los productos agrícolas cuya tarea de salvamento requiere actuar con rapidez y la debida diligencia ya que están expuestos a la humedad, al calor o plagas. Y este u otros casos la obligación de salvamento persiste mientras exista posibilidad de que se produzcan o sigan produciendo daños. Esta acción – salvamento – impone al asegurador la obligación de reembolsar al asegurado los gastos, aun cuando la inversión no haya logrado el objetivo propuesto y en tal sentido el Articulo 1611 del Código Civil expresa: “…El asegurador está obligado a reembolsar al asegurado los gastos no manifiestamente desacertados realizados en el cumplimiento de los deberes del artículo anterior (salvamento) aunque hayan resultado infructuosos, o excedan de la suma asegurada…”

El criterio de la norma, por un lado reconoce el derecho del asegurado en ser reembolsado en los gastos, en tanto ese “gasto” beneficia al asegurador, ya que con esa acción tendrá que pagar una indemnización menor. No obstante debe estar vinculada con las instrucciones emanadas del asegurador por si mismo o por mandato de este al actuar de peritos, sin embargo eso no implica que el asegurado no deba actuar aun ante la falta de instrucciones “como si no tuviera seguro”, es decir con la mayor diligencia posible. Y, “… si existe más de un asegurador y median instrucciones contradictorias, el asegurado actuara según las que le pa rezcan más razonables, dadas las circuns tancias …” (Art. 1610)

El termino no manifiestamente desacertados expresado en el artículo 1611 se refiere a gastos que clara y evidentemente son erróneos, innecesarios o distorsionados en proporción a lo que se pretende evitar o atenuar.
Sin lugar a dudas, la figura del salvamento tiene su importancia pero trasciende lo complejo, sobre todo en riesgos particularísimos como el marítimo, tanto con relación al buque como a la carga, por los capitales en riesgo y las innumerables situaciones que puedan presentarse.

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