¿NO SERÍA MEJOR QUE LA LIQUIDARAN?

Un diputado liberal se propone inaugurar el periodo ordinario de sesiones planteando la re estatización de Acepar, uno de los transgéneros empresariales que no ha logrado arrancar, lo mismo que la telefónica, la aguatera, la cementera y todos los dinosaurios con artrosis que le restan al fallido Estado empresario. Producir acero no es para cualquiera.

Está probado que en el Paraguay no sabemos hacerlo y todo lo que tenemos, según informaciones del sector, es una planta que se oxida a paso redoblado, convertida en un mercachifle de desechos industriales. Así como suena.

Para pagar salarios el pasado diciembre, la administración judicial debió vender unas 500 toneladas de metal viejo a unos US$ 2.100 la tonelada. Un contrato similar, por 1.400 toneladas, sólo pudo cumplirse en parte por escasez de chatarra. Otra fuente de ingresos de la rutilante empresa que debiera dar al país soberanía metalúrgica es la venta de carbón y el alquiler del puerto a una cementera.

Lo que se dice, un fantasma que está muy lejos de aquella imagen de empresa montada para producir unas 120.000 toneladas anuales de acero, varillas para la construcción principalmente. Aún si llegara a esa capacidad, la relación tonelada por empleado y por año no superaría las 200 mientras que una planta mediana como Ternium Brasil, mantiene una relación 2.300 toneladas año por empleado.

¿Se entiende? Acepar padece la misma esclerosis múltiple de Copaco, INC y Essap. No puede manejar costos, sus estados contables son de terror y desborda de empleados. Ante semejante colapso, una empresa privada tendría pocas opciones: salvataje, fusión, venta o liquidación. Es hora de que a la moribunda acería le extiendan su certificado de defunción. Será más piadoso y elegante que prolongar su agonía con proyectos idiotas.

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