Fortalecer el Liderazgo

Benito Barros Muñoz
Ingeniero Comercial -Magister en Negocios Internacionales
Doctor en Administración y Economía
Director General CFT Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile.

 

Cada día se hace más compleja la tarea de conducir equipos de trabajo altamente motivados y empoderados, hacia la consecución de los objetivos y alcance de las metas corporativas. Es que son tantas las variables que influyen, afectan y presionan a generar un clima de permanente stress y conflicto, al interior de las organizaciones. Las personas han evolucionado, son más instruidos, exigentes, informados y mucho menos tolerantes. Sus expectativas son cada vez más altas y la tendencia a la angustia y a la desmotivación ha llevado a límites insospechados de enfermedades mentales, con un marcado ausentismo laboral, licencias médicas y baja en la productividad en el trabajo. A lo anterior se suma el ambiente de turbulencia que enfrentamos, debido a los avances tecnológicos, facilidad de acceso a la información, alto nivel de consumo, endeudamiento, las redes sociales, la competencia en los mercados, las presiones sociales y familiares, entre otras muchas variables. Por ello, quienes ejercemos tareas de dirección y liderazgo, y que tenemos la responsabilidad de conducir los negocios a lograr sus metas, se nos hace imperioso el desarrollar nuevas competencias, habilidades y actitudes, las cuales señalaremos en estas líneas.

¿En qué debo mejorar, cuáles son los conocimientos y habilidades que debo potenciar?

La literatura moderna y la evidencia empírica nos llevan a considerar las siguientes variables:

a.- Capacidad de adaptación y una actitud de aprendizaje permanente. Un ejecutivo de alto nivel debe tener esa disposición de conocer en forma exacta las tendencias de los mercados, y de adaptarse a los cambios del entorno, ya sea nacional e internacional. Ello no es fácil para aquellas personas que se aferran a paradigmas y siguen un estilo tradicional de dirección. Al mismo tiempo necesitamos aprender de nuestras experiencias, fortaleciendo los resultados positivos y enmendando los negativos.

b.- Conocimiento avanzado de las tecnologías de información. El manejo de la información es sinónimo de poder, por lo que se requiere del dominio de tecnologías y sistemas de información, que provean los datos oportunos para la toma de decisiones, así como también las técnicas de comunicación usando diversas tecnologías modernas.

c.- Analista de riesgo. Toda gestión directiva, exige aplicar el proceso de toma de decisiones. La decisión implica incertidumbre, y es tarea de un buen ejecutivo, reducir la incertidumbre manejando herramientas de medición y mitigación de todo tipo de riesgo que pueda afectar a la organización y sus negocios.

d.- Gran capacidad de innovación y creatividad. La evolución y renovación de los mercados modernos, exige de los directivos, desarrollar esa capacidad de innovación y creatividad, para lograr y alcanzar valores conducentes a ventajas competitivas, que posiciones a la empresa en un lugar de privilegio frente a los demás. La innovación ha de ser interna, en la forma en que hacemos las cosas, así como externa, en función de las promesas de valor que les entregamos a nuestros clientes. Atrévete a innovar.

e.- Hábil en el diseño estratégico. Proyecta tus negocios en el tiempo. Cada vez que se asume un nuevo desafío, ya estamos pensando en dos o tres nuevos para los siguientes períodos. Debemos tener total claridad de dónde estaremos en los próximos 25 años, de esa manera desarrollamos nuestra gestión con una visión holística, y con un importante componente estratégico.

f.- Alta capacidad de motivar y automotivarse. Impulsemos a nuestro equipo de colaboradores, de manera que alcancemos un clima de trabajo participativo con personas altamente comprometidas con el crecimiento y desarrollo de la empresa. Al mismo tiempo, debemos ser capaces de fortalecernos en el ánimo, motivándonos con los desafíos y logros que vamos alcanzando.

g.- Una actitud positiva y capacidad personal ganadora. La disposición de entrar al campo de juego con una actitud ganadora, nos pone en ventaja frente a los competidores. La actitud positiva nos permite enfrentar con optimismo todos los desafíos, superar los retos y fracasos que podamos enfrentar. Un tropezón no es caída, y levantarse constantemente, nos ayuda a seguir avanzando. El fortalecimiento de nuestra confianza y autoestima, nos permite ser cada vez mejores y aprender de todas las experiencias.

h.- La capacidad de mantener altos estándares de calidad. Necesitamos influir a todos los miembros de nuestro equipo, a desarrollar un trabajo orientado a un servicio del más alto nivel, poniendo en el centro del foco, la satisfacción “integral” de nuestro cliente.

i.- Claridad en metas y objetivos. Debemos tener absoluta claridad del rumbo y del destino que lleva la organización, y esa claridad en las metas y objetivos, debemos ser capaces de transmitirla a nuestros colaboradores, haciéndolos partícipes de los logros, alcances y de la trazabilidad de los resultados a través del tiempo. Si a ello le agregamos un conjunto de beneficios, los colaboradores se implicarán cada vez más con los desafíos.

j.- Manejo comunicacional. La comunicación al personal, a los clientes, a los proveedores, a la competencia y hacia la comunidad, exige el manejo de técnicas y estrategias de asertividad. Dando las señales adecuadas y planificadas de información, conducente a respuestas pre establecidas. Hoy debemos ser conocedores de los sistemas de comunicación electrónico, redes sociales, sin perder de vista el concepto de “personalización en las comunicaciones”.

No son muchos los ejecutivos que están en condiciones de desarrollar estas competencias por si solos; la intuición  nos invita a reflexionar sobre ellas, pero el mercado altamente vertiginoso, nos obligará a desarrollarlas, potenciarlas y perfeccionarlas día a día.

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