La marcha de la economía = problemas de demanda agregada (II)

VICTOR RAÚL BENÍTEZ GONZÁLEZ
@victoraulb
PDTE. DEL CLUB DE IDEAS

Tengo otra idea y otra preocupación. Me recuerda a Paul Krugman, quien afirma, que parece muy natural suponer que grandes problemas económicos tengan grandes causas. Sin embargo, Keynes dice que es importante recordar la analogía del dínamo.

Todos sabemos que a veces, basta sustituir una batería de 100 dólares, para poner de vuelta a andar maquinarias que cuestan dólares 30 mil. Tamaña desproporción entre causa y efecto, digo yo, se puede aplicar a la economía en recesión, donde la causa podría ser una débil demanda, sin la energía, por ejemplo, de los créditos. En la primera parte de este artículo, decía que hasta los ¨macateros¨ estaban con
sus ventas también recesivas. La alternativa de hoy, para estimular el mercado, está inspirada en mi abuelo Juan Sixto, ¨mascate¨ de Carapeguá, vendedor de sobrecamas y colchas hechas a mano-de hilo de algodón, experto en auscultar la marcha de la economía.

Cuando sus ventas se retraían, apelaba a promover el crédito, expandiendo su cartera, con cobros semanales o quincenales. Él no conocía a Krugman ni a Stitglitz, menos aún sus teorías para impulsar el consumo. Pero era un astuto hombre de negocios, que arriesgaba su propia piel. Analicemos los fundamentos de su modelo, desde una perspectiva de las ciencias económicas, un poco más sofisticada.

LA COOPERATIVA DE BABY-SITTERS

Para ejemplificar los raciocinios permítanme contarles un caso de la vida real. Existe una historia bien conocida entre los economistas, que fue narrada por primera vez en un artículo de 1977, en el Journal of Money, Credit and Banking, escrito por Joan y Richard Sweeney. El título del mismo era: “La teoría monetaria y la crisis de la Gran Cooperativa de los Baby-Sitters”.

Los Sweeney contaron un caso del cual fueron protagonistas. Ellos formaron parte de una cooperativa de Baby-Sitters, una asociación con 150 parejas, en su mayoría funcionarios del Congreso, que querían manejar mejor sus vidas, controlando gastos, con niñeras y niñeros profesionales-por hora, cuidando de los hijos pequeños, unos de los otros, cuando a veces alguna de las parejas quería salir a cenar (por ejemplo).

El tamaño relativamente grande de la asociación era una ventaja, ya que sería difícil no encontrar a alguna pareja que quisiera cuidar a los hijos de los otros, y que querría que, en sentido inverso, otras parejas cuidaran de los suyos, en una noche específica. Las chances de encontrar parejas libres dispuestas a cubrir la ausencia de alguna pareja por una noche, eran altas. Pero había un problema. ¿Cómo los administradores de la cooperativa podrían garantizar que todos pudieran tener su cuota justa de trabajo? La solución fue simple: un sistema de vales (cuasi-dinero). Cuando uno entraba a la cooperativa se entregaba a los nuevos asociados, 20 vales que servían para cuidado de niños, equivaliendo cada vale a media hora de trabajo. Cuando uno cuidaba a los hijos de la otra pareja, los babysitters recibían la cantidad apropiada de vales. Esto garantizaba con el tiempo, que cada pareja prestaría servicios tanto cuanto los recibiría, pues los vales entregados en trueque de servicios habrían sido sustituidos por otros obtenidos por medio de servicios.

A pesar de estas premisas, bien calculadas, la cooperativa tuvo problemas. En promedio, las parejas intentaban acumular reservas de vales de baby-sitters, para el escenario hipotético de que necesiten salir varias noches consecutivas. A cierta altura del juego, la cantidad de vales de baby-sitters en circulación era bien menor que la reserva que las parejas querían en su mayoría, mantener disponibles. Como muchas parejas no querían gastar evitando salir, las oportunidades para acumular vales se volvieron escasas, lo que dejó a los que tenían pocas reservas de vales, más temerosos de salir, y gastar. El problema continuó hasta que los cooperantes convencieron a los administradores de la cooperativa, a aumentar la oferta de vales. Luego, el problema se acabó.

¿Qué se aprende con esta historia? Nada nuevo. El problema es que las parejas
no entendían que los gastos de los otros, son sus ingresos, y que los gastos de uno, son los ingresos de los otros.

¿No es obvio? No, para mucha gente influyente. Si los ciudadanos comunes están apretados de bolsillo y el gobierno hace lo mismo, no invierte en forma decidida, por ejemplo, en el mediano y en el largo plazo, quien comprará los productos que ofrece la economía, produciendo, industrializando o importando. CONCLUSIÓN Cuando hay problemas de demanda como los que tenemos hoy en el país, es porque existen problemas de liquidez, lo que la gente comúnmente llama, ¨falta de circulante¨. Los individuos y las empresas pueden aumentar su liquidez, pagando cierto precio, tomando dinero en préstamo, ampliándose la cartera de créditos. De inmediato aparece el temor a la inflación. Y los burócratas oficiales prefieren cumplir con la ortodoxia, antes que arriesgar sus propios puestos.

Sin embargo, el equilibrio no tardará en aparecer, porque las ventas crecientes estimularán nuevas inversiones para producir un volumen mayor de bienes y servicios, lo que incrementará la oferta, para desinflar la, eventual, suba de los precios.

Finalmente, lo que sirve para el corto plazo, es estimular la demanda agregada con un crecimiento del gasto, financiado con un crédito expansivo. Keynes tiene su razón. Pero, en el mediano y largo plazo, es importante dejar también que el mercado funcione – es decir, la innovación de Schumpeter, puede ayudar a la prosperidad. El problema de hoy, es que, no se puede esperar el largo plazo. ¨Quien tiene hambre, tiene prisa¨ (Betinho, sociólogo brasileño). Y así, no da gusto.

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