OJO: quieren sacar a Drácula del sarcófago

Eran tiempos de acero y fuego. Sudamérica estaba en manos de dictaduras criminales y liberticidas, época que intentamos dejar en el pasado.

Saludar con alborozo una ruptura institucional e invitar a otros a sumarse a la fiesta no sería nada del otro mundo si el festejan­te no fuera el presidente de una república, la más alta investidura alcanza­ble por voluntad popular. Es lo que acaba de hacer, sin rubor alguno, el Presi­dente del Brasil, Jair Bol­sonaro, militar retirado conocido por su funda­mentalismo de derecha y sin pelos en la lengua para ventilar sus inclina­ciones más extremas. En su llamamiento instó a sus camaradas a “retomar la narrativa verdadera de nuestra historia… de nues­tro orgullo brasileño”.

Bolsonaro tenía 9 años, en 1964, cuando comenzó a gestarse un alzamiento militar contra el entonces Presidente Joao Goulart, un abogado riograndense de familia terrateniente pero de convicciones de izquierda. Goulart había llegado al Palacio da Al­vorada al renunciar Janio Quadros por presión cas­trense. Pero para gobernar debió primero concertar con la cúpula militar y la oposición una suerte de parlamentarismo que le recortó muchos poderes. Sin embargo, plebisci­to mediante en 1963, Goulart logró retornar al Brasil al presidencialismo desde donde profundi­zó la reforma agraria, incrementó los impuestos a la riqueza e “instó” a las multinacionales a reinvertir sus ganancias en el país. Corría el primer lustro de los ’60 y los golpes militares estaban a la orden del día. Goulart fue derrocado en 1964 y reemplazado por una junta militar encabezada por Humberto Castelo Branco que se hizo cargo del Brasil durante los siguientes 21 años.

Eran tiempos de acero y fuego. Sudamérica era presa de dictaduras criminales y liberticidas. Una dura, amarga y oprobiosa época que los latinoamericanos inten­tamos dejar en el pasado. Salvo Bolsonaro y amigos que quieren sacar a Drácula del sarcófago.

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