Un ruido innecesario

Una desaceleración económica debe mantenernos en alerta, pero no entrar en un estado de pánico.

En primera persona
Por Samuel Acosta
@acostasamu
PERIODISTA

El mercado paraguayo se ha acostumbrado a la bonanza. La economía nacional experi­mentó en los últimos diez años crecimientos en su producto interno bruto de forma casi ininterrumpida, a pesar de que en la región sus principales socios comerciales Argentina y Brasil no terminan de recuper­arse de años consecutivos de recesión.

Es por esa razón, quizás, que ante el primer indicio de desaceleración en algunos de los principales motores económicos hay agentes que entran casi en estado de pánico y ya utilizan el término de “crisis”. El segundo semestre del año pasado efectivamente el ritmo de la economía fue más lento, pero todos sabemos que en gran medida el factor fue las dificul­tades cambiarias de los países vecinos.

En enero de este año, las importaciones cayeron un 10% y Tributación reportó un 2,3% menos de ingresos al Fisco; ese dato, generó una ola de reacciones en casi todos los gremios empresariales exigiendo al Ejecutivo tomar medidas ante un “enfriamiento de la economía”.

Sin embargo, nadie recuerda que en febrero los resultados ya arrojaron un repunte de 21% en los ingresos tributarios donde el im­puesto al valor agregado (IVA) fue un 6,7% superior al mismo mes del año anterior. En el sistema bancario los créditos continúan expandiéndose a dos dígitos y el volumen acumulado de negocios en la bolsa de va­lores son 25% superior al bimestre de 2018.

Podría continuar con más ejemplos de segmentos que siguen mostrando dinamismo en la economía paraguaya y que justifican esa expectativa de expansión de 3,5% a 4% en el PIB.

Entonces, ¿no será que este discurso de recesión está más ligado a un temor al paquete de reforma tributaria que va presentarse este mes y, que ciertos actores, pretenden instalar esta idea para que el Parlamento no se anime a tocar las tasas de su sector? Da para pensar…

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